Pongo aquí las favoritas, las que no termino de creer que haya hecho yo.
El resto de fotos, unas treinta, en el set Euskadi 2010, de flickr.
Saliva, cinismo, locura, deseo
Pongo aquí las favoritas, las que no termino de creer que haya hecho yo.
El resto de fotos, unas treinta, en el set Euskadi 2010, de flickr.
Hoy cumple ochenta añitos güelita, mi fan más añeja. Y está encantada porque ayer tuvo una fiesta sorpresa, con regalos, familia y hasta flores. Hoy, como no, se pasó el día limpiando y apaleando a un pobre edredón.
A la fiesta sólo faltamos los emigrados, el isleño y el extremeño así que, en compensación, me he permitido colgar una foto de cuando sólo tenía setenta y nueve años y se permitía el lujo de malcriar a su primer biznieto. Para que luego se ponga pesada diciendo que ya está mayor. ¡Y un cuerno!
Así que, de parte de eme y mía, que no hacemos más que pasar calor
Amor mío, te sigo esperando, cuanto dura un día en la oscuridad. El fuego se ha apagado. Empiezo a sentir un frío espantoso, debería arrastrarme al exterior pero entonces me abrasaría el sol. Temo malgastar la luz mirando las pinturas y escribiendo estas palabras.
Morimos, morimos, morimos ricos en amantes y tribus y sabores que degustamos en cuerpos en los que nos sumergimos como si nadáramos en un río, miedos en los que nos escondimos como esta triste gruta. Quiero todas esas marcas en mi cuerpo, nosotros somos los países auténticos, no las fronteras trazadas en los mapas con nombres de hombres poderosos.
Se que vendrás y me llevarás al palacio de los vientos. Sólo eso he deseado, recorrer un lugar como ese contigo, con nuestros amigos, una tierra sin mapas.
La lámpara se ha apagado… y estoy escribiendo a oscuras.
(la despedida de Katharine en la cueva, donde espera que László Almásy, regrese a buscarla), de la película El paciente inglés.
Leído en Congo y yo.
Nos íbamos quince días fuera de la ciudad y la provincia y teníamos miedo por la única planta que sobrevivía en casa, demasiado grande como para transportarla, demasiado bonita como para dejarla morir. Quince días de agosto, en Extremadura y sin agua se pueden hacer duros para cualquier ser vivo.
Internet, como casi siempre, sólo sirvió para constatar que había gente con las mismas necesidades dispuestos a pagar hasta treinta y cinco euros por un pequeño cono de cerámica cuyo extremo de tela se introducía en un cuenco con agua y, milagrosamente, mantenía viva la planta. Pero, esta vez, internet sirvió como estímulo, dio ideas y finalmente ayudó a resolver el lío. Leí en un foro en portugués (no recuerdo la dirección) que se podía usar el sistema de goteo de los hospitales para regar las plantas durante un tiempo y, con la bombilla encendida, me puse a mirar cómo implementar la idea.
Lo primero fue marear a una amiga que trabaja en una farmacia para conseguir un kit de suero, uno de esos paquetes esterilizados que contienen un sistema de goteo con un tubo flexible y largo y un cierre. Al principio te miran como si hablases en otro idioma, sobre todo si has cometido el error de comentar en qué pretendes utilizarlo. Pero apareció el kit de suero y, con el, la solución por 84 céntimos de euro.
El montaje final, además del kit, incluye una botella de plástico de litro y medio de capacidad (o de dos litros si la ausencia va a ser larga) y dos bridas de plástico de fontanero.
El kit de suero trae, en el extremo del gotero, un sistema para pincharlo a las bolsas de suero que utilicé para clavarlo en el tapón de la botella. Además de ser rápido, el pincho no pierde agua ni se mueve, una vez situado en el tapón. Las bridas son para sujetar el conjunto al pie de una cama, junto a una ventana. Empleé las bridas por dos motivos: baratas y rápidas de usar, basta con cerrar una alrededor del cuerpo de la botella y dejar la otra formando un gran óvalo, cerrada sobre la primera. Y de ahí, al pie de la cama. El extremo del tubo de plástico se sitúa, sin liarlo, sobre la planta en un lugar donde haya tierra y donde la gota no caiga directamente sobre la planta.
El tiempo total de montaje no excedió el minuto y el coste, cercano al euro.
Finalmente sólo queda regular el goteo. En nuestro caso, la gota caía cada par de minutos, aproximadamente. Tuve el montaje funcionando durante un par de días en la bañera y calculé que gastaría, con ese goteo, un litro y medio en un par de semanas.
Ayer, al volver tras dieciséis de ausencia, la botella estaba por la mitad y la planta en perfecto estado, con un par de nuevas ramas. Como siga creciendo así, nos va a terminar echando de casa.
Si se prohíben los toros en toda España, Jesulín tendrá que volver a la música. Pensad en ello.
@angelitoMagno, en twitter.
Siempre se hace extraño ver una foto propia colgada en una pared ajena y más si, además, te llama un amigo para comentarte que acaba de ver tu obra en un centro comercial. Hace un par de días, por fin, me envió la prueba.
La fotografía original puede verse en mi cuenta de flickr y fue una de mis favoritas del año pasado. Tanto, que terminé presentándola en tres o cuatro concursos y casi siempre terminó seleccionada para la exposición de “las mejores fotos de los perdedores”. En esta ocasión se trataba del IV concurso Gijón está… de foto y tengo que decir que me hizo mucha ilusión que seleccionasen la foto.
Por cierto, Jandro, mi amigo, aparece en la fotografía, difuso como un fantasma, tirando de móvil para inmortalizar el momento. ¡Muchas gracias!
Tras varios días de lucha con los filtros, las etiquetas y los cuatro gigas de correo que tengo en Gmail, he conseguido, creo, organizar ese maremágnum de datos dentro de una estructura más sencilla y legible de seguir. Hasta ahora tenía seis etiquetas simples y docena y media de filtros que organizaban y movían el correo de unas a otras. Supongo que gracias a la costumbre, la tenía como una buena organización. Bastó con mirar detenidamente los filtros para ver que estaba equivocado.
A principios de semana leí la entrada 7 útiles extras para mejorar tu Gmail de Berto Pena, mi referencia en esto del aprovechamiento del tiempo y la búsqueda de la producción (esa utopía), y decidí que tenía que hacer algo. Y es que, emplear la interfaz de correo online más potente que he visto, de una forma tan pobre me estaba dejando secuelas. Así que comencé por pensar qué etiquetas necesitaría y, tras crearlas anidadas (moooola), borré todos los filtros.
Así, partiendo de cero y creando sólo los filtros necesarios para mover el correo allí donde tiene que ir, creo que he ganado bastante. No tiene sentido tener las copias de seguridad diarias (sí, soy así de paranoico) de tres de las cinco web separadas del resto y guardadas junto a comentarios, peticiones y demás. Ahora tengo etiquetas para cada dominio y otra para las copias de seguridad, amigos, compras y demás. Y sólo me ha llevado tres tardes…