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podcast: 12+1 de daboblog

Ayer salió el podcast 12+1 de daboblog. Aunque no intevine directamente en el evento, me gusta darle un poco de bombo porque alguno hay que nos escucha.

Hemos tenido bastante controversia con la duración, incontrolada, de algunos podcast y, tras cruzar miles de correos (o quizá alguno menos), hemos decidido tratar de mantener la idea original. Es decir, que dure unos cincuenta minutos para no hacer de la escucha un asunto de horas.

En esta ocasión, Dabo y Forat continúan hablando de cómo montar un servidor web y hoy le toca el turno a los servidores de nombres de dominio (DNS) y el servicio de no-ip. Los maqueros, Oreixa y Gorka, le dan lustre a las últimas noticias de la empresa de Cupertino.

Más: DaboBlog Podcast, nº 12+1. Kernel Panic y Manzanas Traigo | Ivoox.com.

Nos veremos en el 13+1 o 15-1, como decía Gorka.

relato: Noviembre de mil novecientos noventa y ocho

Yo misma había llegado a convencerme de que mi matrimonio era perfecto. Y, aunque lo parezca, no es un ejercicio difícil de conseguir. Luego siempre está la realidad, terca y obstinada que nos abofetea una y otra vez con una imagen más verídica y menos edulcorada de lo nos gustaría.

Creía que mi matrimonio, tan cargado de momentos emotivos, sencillos y sentidos, había alcanzado su plenitud tras diez años de convivencia. Arturo, mi marido, despertaba mis instintos y mi cariño, casi sin proponérselo y lo invadía todo con su calma y sosiego. La rutina, que en otras épocas había sido mi gran enemigo, caminaba a mi lado día tras día.

Creía en esa alianza, ciegamente, hasta que Natalia me dijo que se separaba. Lo decía sin acritud, sin pasión, ni ira. Me lo explicó todo tomando un café a la salida del trabajo. Luis, su marido, se había acomodado, se había olvidado de ella, de sus necesidades e inquietudes y había empezado a considerarla como un añadido más de la casa. Exactamente como el añadido que plancha, cocina y nunca dice nada.

–Creo que empezó a acostumbrarse a que trabajase dentro y fuera de casa y al polvo insípido de los sábados por la noche. Creo que, desde hace un par de años me confunde con el robot de cocina. No queda en él nada de aquella pasión, de aquella locura constante con que venía día tras día, al principio.

Sólo hicieron falta dos cafés más con Natalia, capuchinos, con un dedo de espuma y dos de azúcar, para que mi plácida vida sintiese moverse el suelo por debajo. Dos cafés y la venda cayó de un golpe. Arturo se había acostumbrado a mí y ya no luchaba por mantenerme junto a él.

Prueba, me dijo Natalia. Quita todas las respuestas automáticas, esas que no aportan nada y te dan una contestación para quitarte del medio. Ahora, quita también los besos en la frente, esos que ya nacen vacíos. También elimina los arrumacos y los cariños que no son sentidos, aquellos forzados y sosos. Bien, ¿qué te queda? ¿Cuándo fue la última vez que tu marido te dijo algo bonito desinteresadamente?

Noviembre de mil novecientos noventa y ocho.

Lo dejé. Dejé de sentir un cariño y un amor ciegos por él. Dejé de creer que mis instintos despertaban por un poco de sexo fácil y cómodo, un domingo por la mañana al mes. Dejé de creer que todo en él era calma y sosiego y empecé a darme cuenta que siempre había sido un vago y un conformista. Dejé de creer en una rutina común para empezar a sentir el abismo frente a mí.

Y, finalmente, le dejé un domingo por la mañana, después de un rato soso y aburrido de mal sexo.

Escrito para el noveno número de la revista digital de El taller de las palabras.

la sombra del ciprés es eterna

Hubo un tiempo en que me afanaba por tener en mi haber más libros leídos del mismo autor que una amiga. A ambos nos gustaba aquel escritor y tratábamos de encontrar los libros menos conocidos para devorarlos y apuntarnos el tanto. Ganó ella, que siempre llevó ventaja con las obras más contemporáneas, quizá porque yo siempre tiraba más hacia sus clásicos. Hoy me he levantado con la noticia de que ese escritor, Miguel Delibes, ha muerto.

En mi recuerdo, Delibes ha dejado alguna de las páginas que, aún hoy, consiguen evocar con nitidez una época, más gris, más fría, que nunca volverá. Tengo el recuerdo nítido de las horas pasadas con Mario, velándolo, escuchando los reproches de su mujer, en la osucuridad casi total de aquella habitación; recuerdo el frío, patente incluso en Gijón en mayo, que había a la sombra de aquellos cipreses de Ávila y la estampa de la muralla nevada; puedo ver, casi sin esfuerzo, la silueta del señor Cayo, recortándose sobre sus campos y sus árboles, sabio a pesar de su desconocimiento total de la política; todavía siento asco al evocar al señorito de Los santos inocentes, altanero y chulo como pocos; y recuerdo a Ana, la mujer de rojo, antes de su enfermedad en el que viene siendo el mejor y más sentido homenaje que he leído.

Atrás quedan las carreras por encontrar alguno de sus libros más raros o el extraño regusto al leer El camino por primera vez. Sólo me queda, cómo último homenaje, leer su último libro, El hereje.

para que no sea otro día más…

–Oye, vida, toy pensando que pa Semana Santa…¿Un dia cualquiera? – Parando en Villalpando – Maxi Rodriguez
–¿Qué?
–No sé, apetecíame que me llevaras a un sitiu en el que no tuve nunca.
–¿Qué te paez, la cocina?
–¿Qué ho?
–Coime, ¡la cocina!
–¿Cómo ye ho?
–Eso que tá ahí al fondo, a la izquierda.
–No te sigo, fía.
–Ya lo sé, ya. Pa ti un pasillo de dos puertes ye un laberinto.

Más en ¿Un día cualquiera?, de Maxi Rodríguez.

100010 años

Y sigo como un chaval… Soy el de la izquierda, por si hay dudas.

¡grita!

de tormentas y regalos

En el fin de semana de la ciclogénesis explosiva, también conocida como Xynthia, cuando todas las voces autorizadas pedían que no se saliese de casa, que no se cogiese el coche y, sobre todo, que no se cruzase la península de sur a norte, nosotros hicimos exacta y puntualmente todas y cada una de las prohibiciones. Hacía semana y media que sabíamos que íbamos a subir al norte y ni todas las Xynthias nos quitarían la idea de la cabeza. Al final, Xynthia se quedó, al menos en Asturias, en algo anecdótico y fútil, más cercano a la implosión que a la explosión que tan malos augurios daba su nombre. De la borrasca perfecta nos quedamos con el buen tiempo, el calor y un viento que daba mucho juego para las fotografías.

De este viaje exprés a la tierrina hay, afortunadamente, un puñado de cosas buenas con que quedarse, desde la clásica saturación de alimento en tandas pantagruélicas de comida y cena, hasta los saltos con mortal adelante de mi sobrino. Pero, de todo lo que se puede contar, lo más divertido es un regalo que le hice a mi abuela, a güelita. Con la llegada de la TDT obligatoria y el fin de los canales analógicos, me encargué de buscar e instalar un decodificador en su casa. El cacharro que compré cuenta con un puerto USB donde poder conectar una memoria y reproducir video, música o visionar fotos así que, de paso, le regalé una memoria USB de 8 GB. «Es como tener ocho MP3 como el tuyo, en un mismo aparato y poder escucharlo a través de la tele», le dije. Y allí se quedó, con su disco USB y pensando en toda la música que puede meter.

duodécimo podcast de daboblog

Una vez más, y van doce, colaboro con Dabo en el podcast quincenal que edita. En esta ocasión charlamos sobre algunas de las novedades del mundo de Open Source, la virtualización de sistemas operativos y el uso (indiscriminado en mi caso), de la consola. Poco más de treinta minutos de conversación desenfadada y amena. Después, los chicos de las manzanas hablan largo y tendido sobre Apple, sus novedades y alguna que otra metedura de pata.

Pero, como siempre, Dabo lo explica bastante mejor y más desglosado en DaboBlog Podcast, nº12. Kernel Panic y Manzanas Traigo.

El podcast lo podeís escuchar aquí o se descargarlo de ivoox.com.

Por cierto, el número once del podcast, del que no dije nada por una pérdida de papeles (perdí el post-it donde había anotado la tarea y se me olvidó), se puede escuchar aquí: DaboBlog Podcast, nº11. Kernel Panic y Manzanas Traigo (se incorpora Gorka Lasa, lur-;).

léxico

Hace quince años encendías la caja tonta y sabías que lo que se emitía, interesante o no, estaba contado de forma correcta; podías comprar un diario y de paso aprender ortografía, o escuchar la radio a cualquier hora y enriquecer tu léxico. Ahora una retransmisión deportiva es un costillar de faltas, un debate es un asedio al diccionario y el presentador de moda puede tener las mismas miserias gramaticales que el común de los espectadores. Raro es que un adjetivo no suplante a un pronombre en los subtítulos.

Los medios tradicionales dejaron de ser un referente lingüístico hace tiempo; Internet ha acrecentado el problema. Los buscadores fomentan la cantidad, de modo que publicar con frecuencia se traduce en mejores posiciones en los resultados de búsqueda y, por tanto, mayores ingresos por publicidad. No importa tanto cómo se cuentan las historias como contar muchas y de forma inmediata.

José Luis Perdomo en Punto y coma.