promesas

ella y yo, anudados, nos prometimos el mar.

* San Pedro, de Revolver.

Esta canción, esta estrofa, me sabe a sal, me arrastra lejos, hasta la playa.

La mayor parte de la gente piensa que la playa se disfruta en verano, al sol, entre el gentío y la arena pero en mi caso, la playa es sinónimo de invierno, de paseos por la arena abrigado hasta las orejas, bajo el orbayu y jugando con las olas. Frio, mar y una playa para recorrer.

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¡naranja!

Hace años decidí abandonar toda relación con Telefónica, Movistar, por más señas, harto de los precios y cansado de ciertos abusos y extrañas costumbres y debí ser uno de los primeros en llamar (a las 00.00 del primer día) para solicitar la famosa portabilidad a Amena. Desde entonces y a pesar de estar muy contento con el servicio, no he dejado de oír lamentos de otra gente (mucha gente) y quejas acerca de esta compañía, que van desde la ausencia de cobertura en algún pueblo perdido del Pirineo leridano al precio de los mensajes multimedia y que, curiosamente, se trataban de las mismas quejas por las que yo me fuí.

Pues bien, después de mi fallido intento de volver a conectarme a la banda ancha (una banda de ladrones obesos, imagino), de cosechar media docena más de avisos de bucles débil y calamitoso con las más floridas compañías del sector, ha tenido que ser la nueva Amena, ahora naranja –Orange–, quien me diga que sí, que ellos pueden y quieren y que, además, me ponen veinte meigas para mí solito. Me huele mal, me apunté anoche y sigue habiendo un extraño y tibio olor, a estrategia comercial de altos vuelos a, por mis huevos que te quito medio millón de conexiones en dos semanas, a puñetazo en la mesa de algún club elitista y vacuo y, como no, a una comercial pura, agresiva y sin muchos conocimientos técnicos al otro lado del teléfono. Habría pagado dos meses de conexión por ver su cara al responder a la pregunta de qué sistema operativo va a emplear. Gustosamente.

La cuestión es, finalmente, que vuelvo a la carretera, a esperar una señal positiva de una compañía que no me soporta (un sentimiento mutuo, por cierto) y a la que parece no gustar mi bucle, con lo majo que él es. Puede que todo sea humo, que sólo quieran llegar a medio millón de contratos en quince días y por eso ofrecen lo que nadie da, los veinte meigas del tirón, pero el mono me supera, hace días que me puede y no me deja pensar con claridad, me hace oír una voz en mi cabeza, monótona y repetitiva, como una letanía que me susurra veinte meigas, veinte meigas, veinte meigas…. A este paso me temo que, o es naranja, o no será de nadie…

orange, amena, banda ancha

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dios existe y vive aquí

Buenas,

Dios existe y vive aqui. Esto es el paraiso en la tierra. El hotel es un lujo asiatico aunque estemos en america. En la proxima prometo fotos de este vergel.

(…)

Hasta la siguiente comunicacion desde el cono sur.

folixeru, desde alguna playa indeterminada a cincuenta kilómetros de Salvador de Bahía, en Brasil. Lo que me faltaba pa’l duro…

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