¿todavía necesitamos LUGs?

He leído el artículo homónimo en Linux.com y, aunque discrepo en algunos puntos, pocos, creo que en líneas generales tiene bastante razón y que, desgraciadamente, los LUG (Linux User Groups — Grupos de Usuarios de Linux) han vivido tiempos mejores y que, actualmente, están en clara decadencia.

Hace algunos años, cuando yo me metí con linux, instalar el sistema operativo era cosa de gurús, de gente entendida y con tiempo que dedicar a esto. Mi primera instalación de GNU/Linux fue una slackware y me llevó todo un fin de semana conseguirlo, con un par de docenas de disquetes. El manual lo había sacado de un GUL de Madrid, muy vinculado a una de las universidad de la ciudad. Tal y como se relata en el artículo, las universidades fueron un caldo de cultivo estupendo para estos grupos, básicamente porque no había tanta facilidad para obtener una conexión como ahora y porque los freaks que nos juntábamos para comentar tal o cual programa entre clase y clase, éramos los mismos que más tarde formábamos el grupo.

Hoy en día, las instalaciones constan de una docena de preguntas, el software te reconoce y utiliza todo el hardware en vez de pasarte una mañana averiguando qué tarjeta de red tienes y los conocimientos necesarios para utilizar el sistema son cada vez más reducidos. El problema, según mi punto de vista, es que antes el nivel de dificultad era mayor y, consecuentemente, introducirse en este mundo era más complicado y, la mayoría de las veces, necesitas de un padrino y mucho esfuerzo. Tenías que ganarte el puesto y el respeto de tu gurú particular, de quien te tutelaba y te guiaba. Además, la popularización de Internet, la conexión de banda ancha (esto, en España, sigue siendo una broma) y la llegada de los blogs, los foros y las páginas generalistas (meneame, slashdot, barrapunto, etc…) ha relegado a los grupos de usuarios a las listas de correo electrónico. En vez de compartir los conocimientos o de preguntar las dudas en la lista de correo, ahora se suelen volcar en el blog o el foro correspondiente y consultar con el todopoderoso, que casi siempre se refiere a más blogs y foros.

Los GULs fueron muy importantes en su tiempo, hace una decena de años, para canalizar y distribuir gran cantidad de conocimientos, de información que se había obtenido a base de prueba y error, jugando con un ordenador que, probablemente, conocías mejor que a tu propia familia. Pero la gente crece y si no se renuevan los integrantes del grupo, éste está condenado a desaparecer. Asturlinux, el GUL del que formé parte y que ayudé a fundar, se creó en un cervecería entre quince personas flipadas con eso tan bonito del linux, gente comprometida que cuando terminaron la universidad, el hábitat natural de estos grupos, se buscaron un trabajo y se dieron cuenta, nos dimos cuenta, que no deja de ser una pasión a la que sólo puedes dedicar un rato al día y que todos los planes de cambiar el mundo se quedaron atrás, junto con la diversión y el juego.

Por eso están condenados a desaparecer, porque ya no hay tanta necesidad de aprender, de ser tutelado, porque han perdido una de sus funciones principales, la de prestar ayuda y distribuir conocimientos.

Finalmente, una reflexión que citan en el artículo y con la que me considero completamente de acuerdo:

I love Linux. I’m just not excited about it. It’s like buying a new car. It’s cool-looking. It smells like a new car. A few months go by. You still like your car. But it’s now just your car. It’s what gets you from point A to point B. You don’t think much about it.

Amo Linux. Únicamente no estoy emocionado con él. Es como comprarse un coche nuevo. Es precioso, huele como un coche nuevo, unos cuantos meses pasan… Todavía te gusta tu coche nuevo, pero ahora sólo se trata de tu coche. Te lleva desde el punto A al punto B y no piensas mucho en ello. (traducción muy libre)

como conocí a vuestra madre

La semana pasada terminé, casi sin proponérmelo, las dos temporadas que hay de Cómo conocí a vuestra madre, una delicia de comedia americana que me ha tenido absorto durante un mes. Y es que no es para menos, no se trata de la clásica comedia de situación (sitcom) que tiene un par de hilos que guían el argumento durante un par de capítulos y donde cada capítulo puede verse por separado o salteados sin que se pierda mucho por ello.

La serie viene del futuro, del año 2030, cuando un padre intenta explica a sus dos hijos, precisamente, cómo conoció a su madre y evoca toda su vida junto a sus cuatro amigos: la pareja que se compromete y se va a casar, Robin su gran amor y Barnie, el soltero convencido y medio salvaje. Cada capítulo pasa en un suspiro porque duran poco más de veinte minutos y en cada uno hay humor inteligente y bestia, guiños a películas, crítica social y una constante lucha entre el bien (todos menos Barney) y el mal (Barney). Además, y esto puede que sean imaginaciones mías, como Ted (el prota) quiere encontrar a su mujer ideal y casarse con ella, se establecen diálogos a favor y en contra del matrimonio casi constantemente, lo cual es paradójico porque toda la serie gira en torno a la boda de Ted.

En resumen, se trata de una serie estupenda, con unos guiones cuidados y muy pensados, con escenas en ciertos capítulos que carecen de sentido hasta el final de la temporada, por ejemplo y con unos diálogos impresionantes, sencillos y efectivos. ¡Ah! y luego esta Barney, que hay que darle de comer aparte. Lo mejor de la serie, sin lugar a dudas, lo cual es mucho decir.

Esta semana he empezado la cuarta temporada de A dos metros bajo tierra, serie que había abandonado hace más de un año sin motivo. Realmente tenía ganas de volver a verla y terminar las dos temporadas que me faltan porque merece la pena. No es una serie al uso, prácticamente nada de lo contado es del bonito mundo rosa que escupe la tele últimamente y además, el humor negro y zafio le sienta bien a esa parte malvada y ruin que todos llevamos dentro. Definitivamente, me encanta.

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