Alguien debería fijarse en las pruebas de preguntas de los concursos de misses en los estados juntitos. ¡Son un filón! En éste caso, el concurso es para Miss Teen USA 2007, algo así como Miss Adolescente USA 2007 y, cuando le preguntan a la aspirante de Carolina del Sur porqué los yankis no saben ubicar su territorio en un mapamundi, les salta con esto:
Me recuerda aquella película tan tonta de Sandra Bullock, Miss Agente especial, en que, dijese lo que dijese, tenía que terminar la oratoria con ¡y la paz en el mundo!
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Estos días me estoy dando cuenta que las escayolas, como los clic de Playmobil deberían pertenecer a los recuerdos de la infancia, a esa secreta estancia de la mente donde todos queremos volver o, por lo menos, no irnos muy lejos.
Cuando tenía siete u ocho años (creo) me rompí la muñeca derecha jugando en el parque, sobre un artilugio metálico que daba vueltas y tenía un volante fijo en medio, que hacía girar la estructura. Una tarde sábado aprendí que no se deben meter las manos entre los tres radios del volante, mientras el chisme aquel giraba. La fractura fue limpia y el medico me puso una escayola desde el nacimiento de los nudillos hasta el codo. Tenía siete años, estaba en la escuela y estaba aprendiendo a escribir con la mano derecha. Pero, lo que son las cosas, en vez de significar un descalabro en mi corta vida de alumno, fue justamente lo contrario y consiguió que obtuviese el momento más álgido en mi paso por la EGB. Era el tipo del momento, ese que tenía una escayola en el brazo que, con un poco de suerte, cualquiera podría firmar. Incluso los críos, tan necios en ocasiones, hicieron un pacto de no agresión y no tuve un solo golpe en la herida y, lo mejor de todo, estuve un mes sin escribir una palabra, leyendo tebeos y cómics en la biblioteca del aula.
Hace ocho días tuve un esguince en el pie izquierdo y el médico me recetó una férula (media escayola y un montón de vendas) y quince días de reposo con la pata en alto. Estoy en casa, de baja, haciendo mejores marcas con las muletas por el pasillo y estudiando para dos exámenes que tendré en ocho días y, lo que es peor, aburrido. Hacía años que no sabía lo que era el aburrimiento y, de hecho, me jactaba de ello, de ser capaz de estar tranquilamente dando vueltas por casa, leyendo, mirando la tele, naufragando por Internet o con mis equipos, aprendiendo, sin aburrirme.
Parece ser que era muy optimista y, esta vez, la maldita escayola no me ha permitido reverdecer viejos éxitos, quizá porque no me veo con fuerzas de dejar que otros la llenen de firmas y comentarios graciosos. Será la edad y la hipoteca, supongo.
A principios de agosto lanzaron una petición desde Gmail (el servicio de correo de Google) para hacer un vídeo de promoción diferente y, sobre todo, divertido. Querían explicar cómo recorre el mundo un correo electrónico y, para ello, pedían a sus usuarios que enviasen un vídeo de diez segundos de duración en el que apareciese el logotipo de Gmail por la izquierda de la pantalla y despareciese por la derecha. Lo que pasase en esos diez segundos para llevar el logo de un sitio a otro, es decir, para ilustrar cómo se mueve un email, lo dejaban a la imaginación del autor.
El resultado es éste:
Este tipo de publicidad, contando con la complicidad de la gente que usa tus servicios y, sobre todo, con buenas ideas que explotar, dan un resultado excelente y dinamizan un poco el mundo de las promociones o, mejor, las autopromociones. Personalmente estoy cansado del autobombo y los dogmas de fe al estilo de ’somos los mejores porque sí’.
Por cierto, ¿cómo habrán liado a un cirujano para meter el sobre rojo en un quirófano?
Los pies de foto del diario Hoy se merecerían un volumen de la Encyclopedia Britannica para ellos solos. He visto cosas que jamás creeríais… que decía aquel.
Una muestra:
La foto es de susodicho diario, en su edición de hoy (¡qué redundante!) y muestra a un par de policías nacionales, uno de ellos empuñando una pistola. Pues basta leer el pié de página para pensar saber que el angelito que escribió el texto estaba, como poco, puesto a base de tóner de impresoras y tinta china.
No suelo hacer recomendaciones y mucho menos sobre música, porque mis gustos varían a menudo y hacia los extremos pero, ¡qué demonios!, un día es un día. Gracias a mi convalecencia he podido degustar con calma un par de discos que tenía en la recámara pero que no terminaba de escuchar, casi siempre por falta de tiempo.
El primero es Back to Black, de Amy Winehouse, una londinense que tiene una voz negra simplemente magnífica, además de una agitada vida personal. De hecho, el primer single del álbum se titula Rehab, rehabilitación y la traducción del título del disco podría ser Vuelta a lo negro. Sus letras son bastante oscuras y pesimistas aunque hay quien dice que, si se rehabilita de todas sus adicciones (un puñado y medio de drogas y el alcohol), ya no tendría nada que cantar. Aún y así, el disco es una pequeña maravilla a ritmo de rhythm and blues que merece, y mucho, la pena.
La segunda y última recomendación es Lily Allen, otra londinense que ha publicado un disco titulado Alright Still, lleno de canciones sencillas y pegadizas, completamente popero, que diría más de uno. Tienen poco que ver con el primer disco comentado y, quizás, están en los polos opuestos. El de Lily Allen es un disco alegre, sencillo de escuchar y que se queda en la cabeza dando vueltas con más facilidad de la que se le intuye.
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Me acaban de llamar de la cadena COPE de Badajoz (y eso que no comulgo con su línea editorial) para hablar en antena acerca del softwarelibre y dar mi visión del día internacional del software libre, y eso que yo pensaba que ese día será el próximo quince de setiembre.
En cualquier caso ha sido divertido y una buena manera de activar las neuronas manteniendo una charla telefónica amena y distendida sobre software libre, programas privativos y licencias en la que, pese a mis temores iniciales, no he salido tan mal parado. Al menos, eso es lo que yo creo.
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¿Sabes?, Tom… Es fácil creer que uno tiene todas las respuestas cuando ninguna de las últimas responsabilidades recae sobre ti, pero sentado en esta silla… hasta que no te sientas en esta silla, no sabes nada.
Vicepresidente Daniels, refiriéndose a la silla del despacho oval en 24.
[dom ago 26-15:56:47] diego@coyote (1010-~)
$ nm-applet
** (nm-applet:32196): WARNING **: nma_dbus_init (): nma_dbus_init() could not acquire its service. dbus_bus_acquire_service() says: ‘Connection “:1.31″ is not allowed to own the service “org.freedesktop.NetworkManagerInfo” due to security policies in the configuration file’
Si eres el afortunado poseedor de éste código de error al intentar ejecutar el applet del Network Manager de Gnome, la solución es tan sencilla como lógica y está documentada en el fichero /usr/share/doc/network-manager/README.Debian (nota mental: hay que empezar a buscar por donde siempre).
Hay que añadir al usuario en cuestión al grupo netdev y reiniciar dbus. Dicho en otras palabras:
$ sudo adduser diego netdev
$ sudo /etc/init.d/dbus restart
Tras eso, la ejecución del applet será completamente limpia.
Me cago en Microsoft por fomentar la cultura del «Siguiente, siguiente, siguiente» y permitir a los usuarios que aprieten botones sin haber leído el texto de la ventana. Me cago en el software propietario por obligarte a instalar software que no quieres. Me cago en el software intrusista que hace cosas que no quieres. Me cago, obviamente, en la gente que aprieta botones sin leer lo que pone.