página de manual

Al principio de mi vida en Internet, cuando me plantee tener un dominio propio, una web y meterlo todo en aquella inmensa coctelera que fue indo, únicamente me preocupaba de mantener el sistema en pie y de tenerlo más o menos actualizado para evitar otro ataque de aburrimiento por parte de algún rumano ocioso. Podría decirse que el planteamiento era sencillo: tenía un servidor, tenía un dominio y tenía una página web en la que escribía mis tonterías.

Hace algunos días volví a pasar por una web conocida aunque olvidada, archive.org y, como no, me invadió la nostalgia. Reconozco que, por aquella época, me gustaban las páginas web simples, ligeras, con texto y, a lo sumo, una o dos imágenes pequeñas que no hiciesen de la carga una aventura. Sin embargo, al repasar las distintas caras que había tenido n1mh.org, me quedé a cuadros al ver que había hecho ¡una página del manual de linux!

página del manual de n1mh.org

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it’s over

Este ha sido, sin duda, el peor año que he pasado en la Escuela Oficial de Idiomas de Mérida. Y lo ha sido por tres motivos: el ritmo que, desde el primer día, imprimió la profesora al temario, que siempre encontré demasiado alto; la gran cantidad de clases a las que no fui por irme de juerga a Austria; y el que los compañeros de clase fuesen gente mayor, que había pasado tiempo en paises anglófonos y sólo iban a clase a sacarse el título y hablar rápido.

Por eso, esta semana acudí a los exámenes con cierto excepticismo y completamente liberado de cualquier presión, con la vista en setiembre más que en junio. Poco estudio (negarlo sería de necios) y mucha confianza en mi curso avanzado de inglés y cerveza en Austria, me hicieron olvidar muchas cosas y relajarme en exceso. Y, quizá por eso, al terminar esta tarde el examen oral (de inglés, no ingles), la profesora me dijo que había aprobado todo, que había pasado cuarto. Suelo ser calmado pero me puse tan nervioso que no pude decir nada coherente, sólo tonterías, mientras daba botes.

Así que se acabó, se terminó el cuarto curso de inglés y en setiembre me espera quinto, el último escalón de esta escalera que subo, de momento, porque quiero y sin prisas. Aprender por el simple placer de aprender. De locos.

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crueldad

—Sinceramente, no veo tantas diferencias entre clavarle espadas de metro a un toro y pegarle una paliza a un perro. Eso sí, lo primero sale en la portada de los periódicos y lo otro, en la sección de sucesos.

Mientras hablaba, Ángel miraba intermitentemente el generoso escote de Lucía, que esa noche se sentaba frente a él. A su izquierda en la mesa cuadrada y pequeña del salón del piso de Sandra y Ángel, Alex no podía apartar la vista de los ojos verdes de la anfitriona. Estaba siendo una cena sencilla, divertida y alegre.

Lucía, que dudaba con los canapés, contraatacó.

—No creo que sea, siquiera, comparable. Los toros de lidia se crian con el fin de terminar en la plaza. El perro, sin embargo, se supone que es un amigo que merece nuestro respeto y hacerle algo así es cruel.

—¿Sabeís cual es la línea que define la crueldad? La cercanía. —Alex corrigió a su novia sin siquera cambiar el gesto.—Que un toro o un perro nos miren agónicos desde una foto no conmueve porque no nos pilla cerca. Si quieres hacer daño tienes que conocer a la víctima, tener cercanía.

Se produjo un silencio mientras Alex masticaba su solomillo con salsa de castañas, como si todos estuviesen digiriendo sus palabras. Con la boca vacía, continuó.

—Os habéis lucido con el solomillo.—Mientras hablaba, fijó una mirada seria e inexpresiva en Lucía.—Es como si, en una cena como esta, alguien le espeta a su pareja que se está follando a su mejor amiga, también presente. Eso sí es crueldad.

Lucía, al cabo de un instante y sin mediar palabra, se levantó y salió del piso mientras Alex terminaba su solomillo.

Relato para El taller de las palabras.

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¡a primera!

El Sporting vuelve, diez años después, a primera división. No es que sea muy amigo del fútbol, al menos del que se puede ver en la televisión y mueve demasiados millones con cada patada al balón pero, si se trata de hacer patria y sacar pecho, la distancia borra toda precaución y me suelo apuntar al carro. Si, además, se trata de algo de mi ciudad, entonces ni excusas, ni vergüenza ni nada que se le parezca.

¡Puxa Sporting!


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Nota: Obviamente, las celebraciones me pillan bastante lejos, así que le he cogido prestada la foto a Dabo, de su fantástica galería de la celebración del ascenso.

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