El sueño del mono loco Rotating Header Image

fotos al peso

La ciudad de Granada, como sucede con la fruta con la que comparte nombre, hay que empezarla por el centro y sin contemplaciones. Porque esta cuidad, eternamente anclada a los pies de la sierra y de la Alhambra, lo último que necesita es otro turista más, sacafotos y hueco, que se dedique a esquivar a las gitanas que regalan romero. Por eso, el mayor regalo que uno se puede hacer es dejar de lado las costumbres de las prisas, de las fotos al peso y la cultura inocua, volátil con que nos regalamos en los viajes turísticos y abandonarse, perderse. El paseo más delicioso de la ciudad, ese que siempre repito en todas mis visitas, comienza en la Plaza Nueva, en el centro, y discurre a los pies de La Roja, a través del Darro. Después sólo hay que elegir al azar una de las callejuelas que ascienden al Albaizín, el barrio blanco de los cármenes y los aljibes y subir hacia el mirador de San Nicolás. Es importante caminar sin prisas, entre charlas y juegos, dándole en todo momento la espalda a la Torre de la Vela. Más tarde, al llegar a esa altura en que la Alhambra se hace presente, uno se suele dar la vuelta para saludar, de igual a igual, a la dueña y señora de la ciudad. Porque, por muchos siglos que hayan pasado, la fortaleza mora sigue cortando alientos e imponiendo su respeto en todos los rincones. Una vez que ya no queden más calles por las que subir, bastará orientarse con la algarabía para llegar al mirador y contemplar, en un atardecer cualquiera, cómo un sol exhausto y naranja se oculta tras la fortificación roja.

Escrito para un concurso sobre viajes del Taller de las palabras.

2 comentarios

  1. mamá dice:

    Es una maravilla como escribes, sólo modifica que las gitanas “regalan” romero y no tomillo. Besinos.

  2. n1mh dice:

    ¡Joer! No se te escapa ni una. Solucionado.

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