photowalk por Mérida – las fotos

Al final, el Photowalk por Mérida tuvo el éxito esperado y el otro participante (esta ciudad es así, generosa) acudió. La anécdota del día fue que llegamos a deshora y no nos encontramos, así que cada uno hizo su guerra por su cuenta. De mi paseo, salieron algunas fotos mediocres, como estas:

Photowalk XF Mérida - 3

Photowalk XF Mérida - 7

Photowalk XF Mérida - 13

Photowalk XF Mérida - 19

Photowalk XF Mérida - 20

Para ver el resto (hasta 21) se puede acudir a este álbum de flickr.

la culpa fue de berto

La culpa fue de Berto, el de Buenafuente. Yo estaba tan contento con la pegatina protectora de la pantalla del móvil y él, simpático personaje, me hizo llorar una noche viendo su recomendación. ¡Para, para, para! Al final, aguante mientras pude pero ya no era lo mismo. Miraba la pantalla, con su plástico levantado por una esquina, la superior izquierda por más señas y su porquería debajo y sentía el dedo acusador de la tele iluminándome desde el salón.

Al final, ayer por la tarde, en un solemne acto, le arranqué el plástico protector a la pantalla del móvil. Sólo llevaba tres años ahí, cumpliendo su misión. Ahora la pantalla parece nueva pero sé que los rayonazos están ahí, al acecho, espectantes. Habrá que ser cuidadoso.

Por si alguien se perdió ese momento increible de la televisión, lo adjunto:

Berto, cabrón, eres un puto crack.

relato – El ojo

El grifo del lavabo goteaba rítmicamente. El espejo estaba gastado, sucio y a través de los huecos translúcidos sólo podía ver la parte de su cara que no quería mirar: la barbilla. El ojo derecho le dolía y sentía calor y palpitaciones, rítmicas con el goteo incesante del lavabo. El golpe de la mandíbula apenas si lo había notado debido a la tensión de su cuerpo, a la adrenalina corriendo por sus arterias y los gintonics que llevaba de más. Intentó animarse, pensar en algo alegre, pero el ojo derecho no se le iba de la cabeza. Trató de limpiar el espejo pero siguió sin poder verse. Sintió algo líquido resbalando por la mejilla y, alarmado, se tocó la cara y el ojo. Dolía. Estaba hinchado y apenas si podía abrirlo un poco. No veía más que puntos blancos en mitad de la más absoluta negrura. Quería saber qué era aquel líquido, aunque temía que fuese sangre. El ojo no, el ojo no…

En un arranque de histeria, descolgó el espejo de las alcayatas que lo sujetaban en la pared, dejando a la vista unas manchas rojizas y un agujero en la pared, del tamaño de una moneda de dos euros. A ojo, calculó que aquel hueco coincidía con uno de los topos del espejo y sintió asco. Bajó la tapa del váter de una patada y puso el espejo encima, al revés para esquivar las zonas translúcidas y, orientando el espejo, pudo verse el ojo.

Aquella no era su cara. Aquel no era el ojo que recordaba. El líquido no era sangre, eran lágrimas. Respiró aliviado, volvió a comprobar su ojo y, sólo entonces, se permitió mirar el resto de la cara. La parte derecha de la mandíbula tenía un golpe, el pómulo izquierdo tenía un ligero corte que ya no sangraba y ya no podía abrir el ojo derecho. «Así que esto es lo que siente cuando pierdes una pelea», pensó. Antes de volver al bar, tapó con papel higiénico el hueco de la pared y volvió a colgar el espejo.

niveles de cafeína

The Caffeine Click Test - How Caffeinated Are You?

Otro juego chorras donde lo único que tienes que hacer es pulsar en un recuadro lo más rápido que puedas, durante treinta segundos.

El café del desayuno que nos permite a eme y a mí arrastrarnos hasta nuestro puesto de trabajo debe ser bueno, muy bueno, porque lo tomé hace dos horas y todavía tengo “Niveles insanamente altos” de cafeína y soy un “adicto vibrante”. Sea lo que sea, estoy seguro que lo de vibrante es bueno.