– Tu proyecto no es sexy
– Estoy transfiriendo todos los fondos a un proyecto que me motiva.
– Esto es algo que no cubren en las escuelas de negocios.
(La traducción es mía y puede estar muy equivocada)
El blog ha estado caído desde el viernes por la tarde porque la gente del hosting se ha dedicado a cambiar direcciones IP sin decir nada. Hoy, tras un par de correos un poco groseros (si, puedo ser grosero si me pongo, ¿qué pasa?), me hicieron caso y me dijeron la nueva IP. Espero que no se repita demasiado y que podamos tener el blog en paz.
la Fiscalía emeritense publicita su petición: seis años de prisión, una multa de 5.760 euros y 137.500 euros de indemnización para los perjudicados. Al juzgado, con denuncia escrita, sólo acudieron unas 70 personas, además del Ayuntamiento emeritense.
La noticia completa, en el diario Hoy.
Todavía hablaba con eme unos días atrás acerca de nuestro común amigo, el señor Agustín Tarazona y sobre el estado de la denuncia que atesoro en un cajón del despacho de casa, junto a las entradas, los cheques y los papeles del juzgado.
Pues bien, como si me leyesen la mente, la Fiscalía de Mérida ha hecho pública su petición para este individuo que, en mi opinión (es decir, sin tener ni idea de derecho, ni de torcido, ni de leyes), está bastante bien. Por lo menos, la posibildad de terminar en la cárcel le debería quitar las ganas de volver a repetir el espéctaculo. Además, habla de un delito continuado de estafa, que quiero creer que es algo más grave que un simple fraude.
Aunque se trata de la petición que va a realizar la Fiscalía en el juicio, siempre y cuando éste se celebre, me alegra saber que todo sigue, lentamente, para adelante. Todavía queda por conocer qué alega el abogado para tratar de evitar los seis añitos a la sombra e, intuyo, será un ejercicio de funambulismo profesional, con magia, luces y colores. A ver qué inventan.
Hasta hace un año, los bancos casi te suplicaban que te llevases uno de sus créditos. Sirven para todo, decían, para comprar ese ordenador que te guiña el ojo desde un escaparate, para el cuatro por cuatro macarra y caro con el que tienes sueños húmedos cada noche o, si se tercia, para pagar la comunión hortera y de cuento de hadas trasnochadas de la niña. Sólo tienes que firmar aquí, aquí y aquí y jurarnos por Snoopy que serás bueno y nos devolverás la pasta más un pellizquito.
Hoy, con el viento de proa que hay, han decidido no prestarnos nuestro dinero. Así, en frío, suena feo pero es lo que hay. La idea es la siguiente: uno tiene la pasta, las tarjetas y los recibos en un banco, el Banco Jones, por ejemplo. Treinta años guardando cada moneda con los mismos señores, viendo como usan mi pasta para jugar al Monopoly sin poder decir ni mu y siendo cuidadoso con los descubiertos, los plazos y demás historias que tiñen de rojo el honor y el nombre. Pero llega el día en que les dices que les toca hechar un cabo, que ahora dios está apretando y necesito un crédito y, entonces, se miran el ombligo y te dicen que no. Es que hemos reconsiderado nuestras prioridades, el mercado no fluctúa, las gónadas me tiran de sisa, etcétera… Por eso nunca me terminaron de gustar los bancos, ni las aseguradoras, ni cualquier que, tras jugar con tu dinero durante un tiempo, te niegue la mayor.