una idea descabellada

Este fin de semana hemos explorado nuevas oportunidades de negocio, ahora que esto de la crisis arrecia. Para ello y tras dedicarle unos cuantos minutos, hemos fundado la que será nuestra salvación a medio y largo plazo: una comuna.

La idea parece descabellada pero tras pensar en ella unos instantes, cobra cierta lógica. Con la burbuja inmobiliaria explotando día sí y día también, compartir un piso es lo más lógico. Además, levantar una comuna es lo más sencillo del mundo y sólo hacen falta media docena de personas y un perro, para dar autenticidad. Si se llama Canuto, gana más puntos.

Ohio II

Y eso hicimos, invitar a gente con perro a pasar unos días o una noche en Mérida. Tres hermanas, tres novios/parejas y un cánido. Gente durmiendo en un sofá, algo de comida rápida para cenar y pelos canosos de Ohio por todas partes, pegándose a la ropa y las alfombras. Tardaré meses en poder eliminar todos esos rastros blancos pero el jodío perro se hace querer y se le perdona todo.

fotografía – Don Pelayo

Don Pelayo

Una foto que tomé en las navidades del 2003, cuando todavía estaba aprendiendo a manejar mi anterior cámara y que, sin embargo, me gusta tanto o más que el primer día. Fue tomada después de una tormenta tremenda que despejó las calles de Gijón de gente y ruido y, a eso de las dos de la mañana, con el suelo todavía empapado, Don Pelayo se dejó fotografíar.

desmovilizado

Esta tarde, tras retrasarlo al máximo, he llevado a n80.n1mh.org al taller. El móvil estaba literalmente mudo desde hacía quince días, por un altavoz y un chip que controlan, entre otras tonterías, la voz de aquellos con quien hablo. He conocido pocas sensaciones tan desesperantes como la de descolgar el teléfono y no oír nada, sentir el silencio más absoluto mientras sabes que, al otro lado de la línea, a tí se te escucha perfectamente. Con eme, últimamente, he desarrollado un código por el cual yo me imagino sus preguntas y, a ciegas (o a sordas), le respondo. No es muy útil pero uno de los dos, ella concretamente, se parte de risa. Así que hoy, tras ver cómo le cambiaron el altavoz la semana pasada, sin éxito, lo he dejado definitivamente en la tienda para que lo lleven de paseo, le cambien el chip y el altavoz y, espero, me lo devuelvan con voz.

En diez años que hace que utilizo estos pequeños aparatos del Averno, esta es la segunda vez que me tengo que quedar sin cobertura durante una buena temporada. La otra vez, fueron casi dos meses que finalizaron el día que se anunció que las operadoras podrían portarte el número sin perderlo. Dos meses que, a priori, iban a ser un paseo por el infierno, todo el día desconectado, dependiendo de otros para llamar, buscando cabinas telefónicas y con media familia sin saber qué haces ni por donde paras y, sin embargo, lo recuerdo como un periodo tranquilo, sin agobios ni dependencias absurdas. Las llamadas importantes siempre me pillaban al lado del teléfono y las otras, sencillamente, no importaban. Al final, tan acostumbrado estaba a mi vida de outsider que, al sentir la vibración del teléfono con la primera llamada, pegué un bote del que todavía se ríen algunos.

Sólo son veinte días, ha dicho el tipo de la tienda de reparaciones. Y lo cubre la garantía (¡gracias Nokia!). Y ya estaba cansado de activar el altavoz externo (cojonudo, por cierto), con cada llamada entrante o saliente. No me importa montar el espectáculo por la calle pero mantener una conversación privada, caminando por la calle, mientras le hablas a un altavoz es bastante frustrante.

Así pues, aquellos que queráis hablar conmigo, tenéis tres opciones: a) llamar a eme (si os lo coge); b) llamarme a casa (si estoy) y c) escribirme un e-mail. Mamá, tú ya sabes que tienes línea directa y puedes asomarte a la ventana y gritar ;) . Por mi parte, doy comienzo a otras vacaciones desmovilizadas y tranquilas.