fotografía – edificios abandonados

Las ganas de jugar con la cámara de fotos son demasiado fuertes y, a veces, me invento cualquier actividad para salir de paseo con ella. La última antes del ruinoso photowalk se me ocurrió hace un par de semanas y consistió en hacer una serie de fotografías de edificios abandonados y ruinosos de Mérida.

El primer paso fue encontrar localizaciones, edificios o casas que se encontrasen en un estado lamentable y, para ello, recurrí a los mapas del todopoderoso. Ya tenía echado el ojo a una casa en ruinas cerca del trabajo y, viendo la forma que tiene desde el aire, sólo tuve que peinar Mérida buscando la misma estructura. Un trabajo de chinos que me dió dos posibles localizaciones más, la de un caserón en la carretera de Don Álvaro y un par de casas camino de Montijo. Además, todavía guardo un par de posibles sitios a los que ir cuando tenga un rato y no llueva. Después, la parte divertida. Dividí las tres edificaciones en dos sesiones y me planté en ellas, cámara en ristre, a mirar, buscar ángulos y tirar fotos como un poseso.

Personalmente, lo que más me impactó fue el darme cuenta que dos de las casas no estaban deshabitadas y que había dormido gente dentro algún tiempo atrás. Me hizo pensar que podía tener problemas, simplemente, por estár allí o tocar algo pero decidí entrar y sacar unas fotos, sin alterar nada. Para hacerlo más divertido e instructivo, elegí diferentes horas del día para que las condiciones de luz variasen y poder sacar más de la experiencia y, sinceramente, funcionó. La luz casi mortecina de la primera casa quedaba muy bien en fotos exteriores pero, al entrar al edificio resultaba demasiado oscuro y había que tirar de flash. La luz dura y casi vertical de las otras dos casas hizo que tuviese lios con los contrastes y cambios de iluminación entre dentro y fuera del edificio.

Al final, la experiencia ha sido muy gratificante y divertida, aunque de original tenga lo justo. He aprendido un par de cosas sobre fotografía en interiores y otro par sobre el uso del flash interno de la cámara.

El resultado, aquí abajo:

serie: edificios abandonados

serie: edificios abandonados

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La serie completa está en el set Edificios abandonados, de flickr.

trece

Algunas series americanas sólo tienen trece capítulos por temporada. Sí, parece un número fácil de recordar con todo eso de las supersticiones que lleva a cuestas pero, en mi caso, parece que no termino de coger el concepto.

Me pasó ayer, de nuevo, con Mad Men. Comencé a ver el capítulo trece con la estúpida idea de que todavía me quedaban otros tantos por degustar, con los que disfrutar como un enano y resulta que no. Me encontré con un escueto mensaje de los traductores que me dejó el ánimo por el suelo: Nos vemos la temporada que viene. Antes me había pasado con Damages, con la primera temporada de Mad Men, allá por el mes de abril y con Dexter, que me mantuvo mes y medio persiguiendo a un hipotético decimo cuarto episodio.

La parte divertida del asunto es que siempre me ha gustado este formato para una serie. La ventaja de tener un número tan reducido de capítulos es que hay menos tramas, pero son más concisas, apenas tienen artificios, dobles saltos mortales de guión ni tonterías. Todo lo que te quieren contar está en esas trece horas y, visto desde el punto de vista del guionista, puede ser muy poco tiempo. En otras palabras, duran lo justo para no dar demasiados paseos por Úbeda.

Pero que te pillen por sorpresa, temporada tras temporada, resulta ciertamente perturbador. Personalmente quiero creer que sólo me pasa con un puñado de series, las que más me gustan y con las que más fácilmente conecto. Si al final, como siempre, todo está en mi cabeza.