Nestorín

Mañana viernes, tres minutos antes de las tres de la tarde, eme, cris y yo estaremos en nuestras marcas, preparados para hacer un largo sprint hasta la tierrina. Será ésta una visita diferente a todas las anteriores por dos motivos: le llevamos a unos futuros papás un montón de fungibles y cris viene a conocer ese lugar del que tanto hablo.

Creo que no lo he dicho: voy a ser tío. El futuro papá será el hermanín (curiosa dualidad) y los fungibles son un montón de artículos destinados a terminar cubiertos de mierda en poco más de un mes. Literalmente.

En cuanto a cris, nos la llevamos de paseo para que no piense demasiado, para que conozca Asturias (¡ya te toca, moza!) y darle todos los mimos que necesita. Gabino, que sepas que en ausencia del macho alfa, el macho omega se pone las botas. ;)

¿Podrá soportar España 4.000.000 de bajas de clientes la banda ancha?

Me sumo y sigo la cadena…

Cerca de cuatro millones de ciudadanos no pueden acceder a la banda ancha en España en función de su sitio de residencia; a este indicador negativo para el desarrollo de la Sociedad de la Información en España, se le podrían sumar bajas masivas de clientes del Adsl más lento y caro de Europa.

Las entidades representativas de la comunidad internauta, los profesionales y los consumidores informáticos en España estiman en cuatro millones la cifra de clientes de banda ancha, ADSL y cable, que podrían darse de baja si finalmente se confirma el acuerdo que REDTEL está negociando con las sociedades de gestión de los derechos de autor abanderadas por la SGAE, para que en España se den tres avisos antes de desconectar o ralentizar la conexión a Internet por usar redes P2P.

A la disminución de ingresos se sumarían las posibles indemnizaciones que podrían derivarse por incumplimiento de contrato de las operadoras y las sanciones aplicables en base a los artículos 8 (”Restricciones a la prestación de servicios y procedimiento de cooperación intracomunitario”) y 11 (”Deber de colaboración de los prestadores de servicios de intermediación”) de la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico, modificado por la Ley 56/2007, de 28 de diciembre, de Medidas de Impulso de la Sociedad de la Información.

Mientras las operadoras de telecomunicaciones tratan de sortear la crisis, las sociedades de gestión de los derechos de autor, intentan conseguir prebendas para las empresas productoras de contenidos tratando de convencer a todo el mundo de que el intercambio de archivos entre particulares por Internet es un acto delictivo y que supone fuertes pérdidas al sector de entretenimiento.

Sin embargo tanto la fiscalía como las sentencias dictadas establecen que el intercambio de archivos con copyright restrictivo por redes P2P no es un delito y no es punible de ninguna forma cuando se trata de archivos públicos o bajo licencias copyleft (la mayoría de los casos).

Las propias entidades de gestión de derechos de autor han reconocido en el “Informe de la industria de contenidos en España“, publicado por ASIMELEC, que no hay una bajada de ingresos en el sector y que solo la música tiene un retroceso en la venta a través del canal tradicional (aunque no se informa del aumento de ingresos por, entre otros, actuaciones en directo, descargas y publicidad).

Lo cierto es que las negociaciones que se están llevando a cabo bajo el auspicio del Ministerio de Cultura, pueden suponer que algunas de las empresas más solventes y con mayor capacidad tecnológica de España empiecen a perder clientes a marchas forzadas. Lo que repercutirá en su cuenta de resultados y en su capacidad de mantener el empleo.

Pero lo más grave es que un acuerdo de esta naturaleza atenta contra la libre competencia, frena en seco el acceso a la Sociedad de la Información en España menoscabando los derechos civiles de los ciudadanos y alejando aún más el derecho constitucional de acceso a la cultura y al conocimiento.

Firmado: n1mh (Diego Martínez Castañeda) y unos cuantos miles más (por el momento). Pon la tuya publicando el texto en tu blog.

jack’s rules!


–Jack… ¡Jack! Las normas nos hacen mejores.
–Hoy no.

Lo admito: estoy enganchado a 24. Enganchado en el sentido más sucio de la palabra, con sus síndromes de abstinencia y todo. Probablemente se deba a la estructura de la serie, a que la acción sucede en veinticuatro capítulos de una hora, a lo largo de un día, lo que no deja, precisamente, mucho tiempo para pensar y todo es vertiginoso.

Creo que 24 es casi como un cómic, pero por entregas. Tiene todos los ingredientes: un superhéroe, Jack Bauer que hace lo que sea necesario para proteger a su país; un compañero, que aporta un punto legal y de coherencia al conjunto y que en esta entrega le ha correspondido a una agente del FBI; un supervillano que, lo mismo suelta bombas atómicas sobre suelo estadounidense que juega con gas sarín o que, por despecho, se lleva por delante a un ex-presidente americano; un fin último y doloroso que, normalmente, involucra a todas las capas de la política norte americana y de nadie sabe nada; y, finalmente, un tortuoso camino que sólo el héroe puede recorrer, con gran sufrimiento, para salvar al mundo.

Y, aunque en esta temporada se están moderando, siempre tuvo un cierto tufillo a violencia gratuíta rallana en la tortura. Pero claro, cuando el tiempo apremia, cuando no hay opciones ni pistas que seguir, entonces es cuando sueltan al mejor Jack y que su cielo, el de los malos, les pille confesados. En esta temporada lo están dejando muy claro: Jack hace lo que sea necesario. Y lo hace porque, según comenta, los buenos están sujetos a normas que los malos no siguen. Lo único que hace, digo yo, es equilibrar la balanza. También es cierto que en otras temporadas, el recurso de la violecia indiscriminada se les fue de las manos y terminaron torturando a todo lo que se movía. Pero esta vez no es así, esta vez Jack no está tan desmadrado y, además, le está dejando las situaciones ilegales a su compañera de aventuras.

Por mi parte, seguiré comiendo los miércoles con cada nuevo capítulo de mi cómic favorito en fascículos.