fotografía: bodega en Almendralejo

barricas esperando

Silencio, el vino está durmiendo

catando caldos I

El resto de fotos, en flickr.

El pasado fin de semana estuvimos visitando la Bodega Extremeña, en Almendralejo, en un intento de imbuirnos en la cultura del vino. Lo cierto es que fue divertido, aunque hubo demasiadas referencias a toreros y alzacuellos para mi gusto. Y luego, para poner fin a la excursión como se merece, un bacalao dorado y un solomillo. Y más vino.

de discos duros y fotografías perdidas

Me di cuenta hace un tiempo, cuando murió el disco duro de las copias de seguridad de las imágenes y tuve que salvaguardarlas. Contaba, por aquel entonces, con la falsa idea de que las de años anteriores estaban a salvo en varios DVDs y que únicamente debía rescatar las últimas fotos hechas. Al volver a copiarlas al nuevo y flamante disco duro externo, me encontré con que faltaba un DVD, el primero de 2008, que abarcaba todas las fotos hechas en Graz, por poner un ejemplo rápido.

Ayer domingo andaba a la busca y captura de un primer plano en que saliese mediocremente bien, si eso es posible, y recordé que me hice uno justo antes de viajar a Austria. Busqué por el disco duro, hasta que recordé el triste episodio de la pérdida. Pero, a diferencia de entonces, ayer tuve una revelación: todavía procesaba las fotos con MacOSX y no con linux, con lo que sólo tenía que buscarlas en iPhoto y recuperarlas. Y allí estaban, todas, esperando a que se me encendiese la bombilla. Comentar que, para rescatar las fotos de iPhoto en RAW, hay que proceder como si se tratase de una exportación a un directorio y, en formato, seleccionar original.

Ahora sólo me falta volver a archivarlas en su directorio correspondiente y hacer las doce copias de seguridad pertinentes. :D

fotografía: la casa Lis

No lo voy a negar: visitamos La Casa Lis porque nos la recomendó mamá. Y nos encantó. Se trata de un museo de Art Nouveau y Art Déco, dentro de un edificio construido por un amante del Art Déco. Es un chapuzón en la estética de los felice años veinte, justo antes del crack de 1929.

Todo recuerda aquellos años, desde el propio edificio, con las ventanas tan vistosas, las enormes cristaleras, las puertas de marcos retorcidos y hasta la cúpula de colores que adorna el techo. Y, en el interior, más de lo mismo. Lámparas, esculturas, cuadros y muebles. La parte más lúgubre la puso una colección de muñecas del siglo XIX y principios del XX que, cuando menos, resultaban aterradoras. Miradas fijas, perdidas, vítreas en cuerpos deformes y mal proporcionados.

Al final, uno se queda con la imagen de los ventanales, hechos de cristales unidos con plomo y no puede resistirse a tirar varias fotos. La pena es que la mejor localización, según mi ojo experto y entrenado, está en el salón de un quinto piso, del edificio situado frente a la casa. Así que, toca aguantarse y tirar de lado.