en ocasiones veo diegos

tengo en mi haber unos cuantos dominios, de otros tantos proyectos y tanta dirección web habían convertido en una aventura explicar, de forma rápida y limpia, qué hago en la red. Así que, tomé por buena la idea de Dabo y me fabriqué una pequeña web donde contar todo esto, de forma resumida y elegante. Creo que se le conoce con el nombre de porfolio y, aunque lo intenté con todos mis conocimientos de diseño, la elegancia se quedó fuera :D .

El nuevo dominio (otro más a la lista), es diegomc.org y en él se pueden encontrar enlaces a todos los proyectos, webs y perfiles en los que me encuentro inmerso. Trataré, en la medida de mis posibilidades, de mantenerla actualizada.

diegomc.org

Nota: mamá, te prometo que lo intenté pero, por más que busqué, no hubo forma de meter la eñe sin causar un estropicio. Además Diego Martinez Castaneda es otro fulano… ;) .

maquinaria pesada

Ayer tuve los exámenes médicos anuales de la empresa. A falta de los resultados, puedo decir que lo más grave es acudir en ayunas a la cita con la hipodérmica. Para estas ocasiones deberían hacer como con ciertos medicamentos: prohibir que se realicen algunas actividades mientras duran sus efectos. Y no, no me refiero a conducir maquinaria pesada. Me refiero a trabajar. Porque hay ciertas cosas que, sin cafeína, no funcionan. Una de ellas es mi cerebro.

Cuando era universitario solía tomar entre cinco y ocho cafés al día, dependiendo del nivel de exigencia y estrés que tuviera. Seis tazas de aquel brebaje caliente y amargo que vendían en la cafetería al día era, a todas luces, demasiado. Máxime cuando sabías que su efecto vigorizante sólo duraba los veinte primeros minutos de las clases de la tarde. Durante las vacaciones de verano solía desintoxicarme y bajaba la dosis hasta las dos o tres tazas diarias, pero era volver a clase y retomar viejos hábitos.

Ayer, a lo tonto, me pasé todo el día sin café. Me he vuelto tan elitista, que si no es de la cafetera de Jorge, no suelo tomarlo. Total, ¿para qué? El café que hacen en algunos bares debería estar etiquetado como laxante industrial. Así que, tras la extracción de sangre, comí algo y me olvidé del brebaje mágico. Como un ex adicto que soy, no siempre bebo café. Procuro no tomarlo los fines de semana y las fiestas y se podría decir que únicamente lo tomo los días laborables. Intento por todos los medios mantener la tasa de cafeína baja para evitar las recaídas y, hasta ayer, no tenía muy claro porque seguía manteniendo el hábito.

Ayer fue el día sin café, sin cafeína ni esa espuma tan rica que llevan los espressos. Ayer el día se me hizo cuesta arriba, los minutos se espesaron como si se tratase de un café recocido y el cielo se volvió marrón oscuro, casi negro. Ayer pasé mi primer día laboral sin cafeína y caí en la cuenta de que sigo siendo un colgado, un adicto.

Esta mañana, a primera hora, me tomé mi cafetín y todo volvió a la normalidad.

briconsejo: tuneando una mesa de ikea para ocultar cables

Lo leí hace unos años y, para ser sincero, llevaba dándole vueltas desde entonces. Van Mardian contaba en una web, decluttered.com (aunque hay otros) cómo ocultar todos los cables y cacharros electrónicos bajo una mesa de ikea. Obsesionado como estoy con los cables, ver una mesa idéntica a la mía tan despejada hizo mella en mi subconsciente y, desde entonces, buscaba la manera de hacer algo similar. El martes, tras recorrer Mérida buscando los últimos componentes, supe que había llegado la hora.

La idea es muy sencilla. A un tablero, en mi caso de 70×50 centímetros, se fijan mediante bridas de plástico todos los dispositivos electrónicos, cables y cualquier cosa que estorbe encima de la mesa. Luego, ese tablero se sujeta a la parte inferior de la mesa mediante unas grapas como las de los cerrojos de las puertas y se extienden los dos o tres cables imprescindibles como el corriente. Así queda todo despejado y limpio.

No voy a poner una foto del antes, por vergüenza torera, pero el después es realmente gratificante (y si no hubiese tenido impresora me ahorraba hasta las sombras en la pared).

mesa con dos cables

Lo que más cuesta es organizar bien el tablero para que entre todo. Al mío, al final, casi le hacían falta unos centímetros más de lado, para poder seguir anclando aparatos. En mi caso, situé dos bases de enchufes, de tres y seis huecos, en el centro del tablero. El más pequeño, que no tiene interruptor, es el principal, el que se va a conectar a la pared y el que no se va a apagar. Todo lo que está conectado ahí es importante: el router, el portátil de las descargas y la otra base de enchufes.

vista general del tablero

La base de seis enchufes es la secundaria. Cuenta con un interruptor para poder apagar todos los dispositivos y lleva conectada las fuentes de alimentación de los dos discos duros externos (en una palabra: backup) y la de la impresora. Ahí irán los cargadores de macbook y el del móvil, si hace falta. Con todo eso, todavía quedan un par de enchufes libres para otras cosas.

disco duro externo

Como fui incapaz de encontrar la tabla de madera que utilizó Van Mardian, tuve que practicar yo los agujeros. Y, por supuesto, el resultado final no es, ni remótamente parecido al del bueno de Van. Soy pintor de brocha gorda. Con un taladro inalámbrico y un kit de reparación comprado en los chinos (sigo sin saber qué reparaba con una broca del 6), la madera opuso poca resistencia. Después, se fijan fuertemente los cacharros con bridas y el resultado, sin darle la vuelta, es magnífico.

Al colocarlo en su sitio y ver la mesa despejada, uno se da cuenta de que ha valido la pena.

tablero en su posición final