un email del pasado

Mi abuela ha encontrado, en un CD que le regalamos hace siete años, un email felicitándole su septuagésimo tercer cumpleaños. Escuchó un concierto en La 2 y recordó que sus nietos le habían regalado un disco del barítono Carlos Álvarez, lo buscó y continuó el concierto en casa, a todo volumen como acostumbra. Al terminar, un pico de papel sobresalía de la caja y, tirando, tirando, apareció un papel que no había visto antes, en siete años.

Se trataba de un email, redactado un par de días antes del cumpleaños y que el hermanín recibió, imprimió y ocultó con primor. Porque para esconder un folio de papel en una caja de CD cuyo contenido está expuesto un mes y otro también, durante esos años, hay que tomárselo muy en serio. En él, en el email, le felicitábamos el cumpleaños a güelita gloria, le hablábamos del disco que iba adjunto y, al final, le pedía al hermanín que firmase por ambos con unos garabatos.

Ayer, güelita lo encontró y dio saltos de alegría por una felicitación que llegó siete años tarde. Hoy me ha llamado, me lo ha contado y nos hemos reído. Sobre todo porque hace siete años que mi abuela recibe correos electrónicos.

porque una casa sin tí es una embajada

¿Hace falta decir más? Estuvimos allí, dando botes y cantando todas las canciones a gritos («se las sabe todas», le escuché decir a una chica que estaba detrás mío mientras me señalaba). eme, que nunca había estado en un concierto de un grande, se lo pasó en grande, valga la redundancia. Y el tío Sabina cumplió, como suele.

Concierto de Joaquín Sabina en Badajoz

Concierto de Joaquín Sabina en Badajoz

Bromas, referencias a Extremadura y a Badajoz, una pequeña disertación sobre porqué había pasado cuatro años sin escribir canciones («porque era feliz», aclaró) y se metió a las diez mil personas en el bolsillo con tres canciones. «Siempre toca clásicos, son lo que esperamos y lo sabe», le comenté a eme, crecido porque se estaban cumpliendo mis predicciones. «Pues que tome nota: la del pirata cojo, y nos dieron las diez, pastillas para no soñar…» Y, como no, le hizo caso. Eso sí, de mis peticiones no se acordó nadie. A los que llevamos viendo sus directos desde el 86, no nos hacen caso, por viejos, imagino.

Nos saltamos la cola que llegaba a la mitad de la avenida Pardaleras (si, fuimos nosotros, ¿qué pasa?), acertamos con los asientos frente al escenario, a media altura y no llovió durante todo el concierto. ¿Se puede pedir más? Hasta las cuatro señoras que teníamos sentadas delante, entre sesenta y setenta años, bocata tamaño flauta travesera diez minutos antes del comienzo del espectáculo, peinado a lo Margaret Thatcher, saltaron como resortes con los primeros compases de 19 días y 500 noches. «Es un momento, para estirar las piernas», dijeron. Pidieron perdón por primera y última vez. Luego la confianza obró su milagro y no volvieron a sentarse.

Al final, seguimos a la marea de gente hasta la salida y, volvimos a nuestro piso de acogida (¡gracias Pedro!), comentando el concierto, las canciones, la gente y hasta a las señoras con el peinado a lo Thatcher. Grandioso.

it’s over

Se acabó, al fin. Al menos hasta setiembre, si no dicen lo contrario las notas el próximo día 21. Porque he terminado con los exámenes de inglés y, contra pronóstico, sigo vivo.

Si paso los exámenes, termino el último curso de la Escuela Oficial de Idiomas. Perfecto. ¿Y luego qué? Tendré un bonito papel que colgar en la pared pero, ¿de qué sirve si no puedes practicar el idioma? Hablando con una compañera, decía que por cincuenta euros al año, merece la pena matricularse aunque sólo se vaya a hablar. Y tiene razón. Si te preparas algún otro título oficial, lo haces sólo o en una academia que te cobran setenta euros al mes. ¡Hay que joderse! Más de diez años en la EOI y ahora no la quiero dejar.

Quien sabe… a lo mejor hice mal algunos ejercicios adrede, sabiendo lo que se avecinaba. :P

trescientos sesenta y cinco días después

Hoy eme cumple años y yo, que sigo intentando ser un caballero, no voy a mencionar cuantos son. Se lamenta de que ya ha pasado otro año más, a toda velocidad y casi sin darse cuenta. Dice que se hace vieja y me pone cara de circunstancias para que le de la razón y asienta a algo con lo que no estoy de acuerdo. Porque cuando se mete en esos círculos viciosos que comienzan con “estoy más viejo”, pasan por “otro año perdido en nada” y terminan en “¿qué coño estoy haciendo con mi vida?”, uno sólo puede aspirar a una depresión aguda.

eme en Roma

eme en Roma

Sí, cariño, ha pasado otro año. No cariño, no estás más vieja, sólo tienes 365 días más a tus espaldas, lo que no se puede traducir en vejez sino en experiencia. No cariño, no has perdido el tiempo, ni has dejado pasar un año en valde, sólo tienes que recordar la cantidad de cosas que hemos hecho en este tiempo. Y no cariño, no has cambiado en estos trescientos y pico días, sigues teniendo tu (adorable) puntito de mala leche, esa manera de mirar que hace temblar mis rodillas y esa forma de clavar los tacones en el parqué que agrieta los cimientos.

Así que…

¡muchas felicidades mi amor!

Y ya puedes empezar a pensar qué cosas quieres tener hechas de aquí a un año, que 365 días no dan para mucho si no nos organizamos.