Archivo del Autor: Diego Martínez Castañeda
cambio de trabajo
Tras nueve años y medio trabajando para Comparex en Extremadura, el pasado martes finalicé el proceso de cambiar de empresa. No ha sido una decisión fácil de tomar pero, tras un intenso mes de dudas, preguntas y nervios, me decidí a dar el paso.
De Comparex guardaré un recuerdo especial puesto que aquí he conocido y trabajado con estupendas personas y profesionales y, además participé en un gran proyecto desde el principio, aprendiendo innumerables cosas.
En mi nueva empresa, White Bear Solutions, estaré involucrado en el área de I+D, así como en el de sistemas. De momento, no hay gran cosa que contar puesto que estoy empezando. Debo reconocer que no recordaba esta sensación de desborde, de vértigo ante la gran cantidad de datos nuevos que aprender. Espero que éstas terminen antes que la paciencia de mis nuevos compañeros.
Como curiosidad, dejo aquí el nombre de mi nuevo ordenador de trabajo: Tola.
Google+X
Estaba metiendo en cajas las cosas que creía importantes y, viendo la congoja de mi madre, intenté tranquilizarla diciéndole «tranquila, que en un año o dos estaré otra vez por aquí». Al día siguiente, lunes, cargué el coche con mi maleta azul, indo y dos cajas de folios llenas de libros, apuntes y cacharros y emprendí rumbo al sur, a un sitio desconocido y donde no tenía amigos: Badajoz.
Hoy, 2 de junio de 2013 hace diez años de aquel viaje y sigo en Extremadura.
Han pasado muchas cosas en estos diez años, buenas, malas y de las otras pero todavía no me he cansado completamente. Tengo la enorme fortuna de haberme cruzado desde el primer día con alguien, eme, a quien cayó bien aquel chiflado que venía del frío y lluvioso norte y con quien ha podido crear una familia. Porque aunque suene raro, lo que nosotros tenemos es un núcleo familiar que está compuesto de dos bípedos, tres plantas y un pitufo vaquero de plástico. Y a mantener ese núcleo familiar dedicamos todos nuestro esfuerzos.
Si que noto que la edad y la distancia hacen mella en el ánimo pero, a estas alturas, mi meta está en seguir celebrando segundos de junio mucho tiempo. Aunque no termine de amoldarme del todo a este duro clima que convierte la provincia en un desierto seco y amarillo nueve meses al año.
Google+fotografías — los patios de Córdoba
Durante un par de semanas de mayo, en Córdoba se celebran dos concursos bastante pintorescos, el de patios y el de balcones y rejas. Los habitantes de la capital engalanan los patios de las viviendas con flores y adornos y los enseñan a todo aquel que se pase por allí. Y los resultados son impresionantes.
Unos amigos nos fuimos para allá en una excursión de fin de semana, con la intención de pasar dos días entre geranios y flores y la verdad es que fue bastante mejor de lo esperado. A pesar de que había mucha gente, sobre todo durante el turno de la mañana, y que nos tocó esperar más de una cola, la posibilidad de entrar en casas particulares es un espectáculo. En muchos casos han convertido un espacio inhabitable en verano (Córdoba y Extremadura comparten latitud y calores) en un refugio tranquilo, fresco y en ocasiones con piscina.
Tengo que reconocer que tras diez horas pateando patios y conociendo una parte de Córdoba de la que no tenía constancia, la puesta de sol mejoró bastante el ambiente y las fotografías. Ningún detalle se había dejado al azar por parte de los concursantes y eso incluía la iluminación nocturna. Pocas luces pero bien puestas, que no cieguen y que no incidan directamente sobre los visitantes. Funcional y sencillo.
Además de con las flores, que lo inundan todo, me entretuve buscando detalles que le diesen otro significado a las fotos, supongo que para prevenir un caso claro de intoxicación por colores.
El domingo, tras dos días intensos de caminatas y clases de fotografía particulares, doloridos y cansados, comimos y emprendimos el camino de vuelta a casa.
Todas las fotos, sesenta y una, están en el set «Los patios de Córdoba 2013» del nuevo y remodelado flickr.
Y también se pueden ver en forma de presentación:
Google+
el RSS ya funciona
El feed RSS ya está, de nuevo, activo. Tras instalar wordpress media docena de veces desde cero, pasar configuraciones, temas y plugins y comprobar, desesperado, que el RSS seguía mostrando una página en blanco, ayer se me ocurrió desactivar todos los plugins y ver qué sucedía. Y sucedió que funcionó y se podía acceder a las entradas publicadas a través del RSS.
Un poco de inventigación y unos cuantos juramentos después, encontré el origen del problema: un plugin llamado Advanced Permalinks que usaba desde hacía un par de años para redirigir las entradas más viejas que todavía estaban en google a los nombres actuales. En su día decidí cambiar la dirección de las entradas y dejar de mostrar la fecha en ella (http://www.n1mh.org/weblog/el-rss-ya-funciona en vez del viejo http://www.n1mh.org/weblog/2013/05/13/el-rss-ya-funciona) y usé este plugin para redirigir las páginas desde los buscadores. Como ya no es necesario, ha sido una pequeña victoria poder pulsar el botón que borra cualquier vestigio del plugin para siempre.
Así pues, para todas aquellas personas (o robots) que todavía utilicen un lector de RSS pueden seguir los interesantes textos de este blog, tienen dos formas de hacerlo: directamente o a través de feedburner.
Espero no romper nada más en una buena temporada…
Google+nueve años de sueños con un mono loco
El sueño del mono loco, como blog, cumple hoy nueve años desde que publiqué, allá por 2004, la primera entrada contando mi búsqueda de piso por Mérida.

Y digo del blog porque el dominio, n1mh, ya ha cumplido la década, primero bajo el amparo de las compañías debido a un error de comunicación con karlos (n1mh.com todavía se puede ver en archive.org) y un año después, ya junto a las organizaciones.
Han sido muchas cosas las que han ocurrido desde entonces, demasiadas para siquiera hacer una lista, y casi siempre he tratado de contarlo aquí. Al principio, para que la gente que dejé en Asturias supiera de primera mano en qué andaba metido y después, porque añadir la etiqueta de escritor o blogger incrementa mi ego exponencialmente. En este tiempo me he sentado a escribir más de mil quinientas entradas que, sorprendentemente, han recibido la friolera de dos mil noveciento ochenta y un comentarios.
De momento, y para alivio de mi señora madre, no estoy cansado y no tengo intención de dejar de lado el blog pero es cierto que desde hace unos años para acá no mantengo el mismo ritmo de publicación. Supongo que es debido a dos factores: el tiempo de la novedad, ese en que todo era nuevo y sorprendente para mí, ha pasado y me aburre tener siempre el mismo discurso; y, aunque parezca mentira, la puta crisis que deja una pátina de mierda y desilusión en todo lo que toca, incluídos estados de ánimo y fuerzas. Las musas, esos puñeteros seres etéreos son crueles pero se mantienen fieles, por suerte.
Espero que en la entrada de dentro de un año haya cambiado bastante de discurso.
Google+cuestión de pulgadas
A principios de febrero decidí vender el iPad, principalmente porque ya no contaba con el favor de Apple ni de sus actualizaciones y porque cada vez se le hacía más cuesta arriba lidiar con ciertas aplicaciones. El que por el camino me deshiciese de iTunes es puramente anecdótico, aunque liberador
.
Como considero útil este tipo de dispositivos, me puse enseguida a mirar alternativas, esta vez fuera del mundo de la manzana mordida. En su día, cuando sacaron el iPad, obtener una tableta con unas características similares a la de Apple significaba pagar lo mismo y luchar a brazo partido con el sistema operativo para conseguir el mismo rendimiento. Por eso terminé comprándome un iPad y, sinceramente, no es algo que lamente, más bien al contrario. Quiero pensar que ha sido la marca de Cupertino quien me ha echado de su lado, no manteniendo la compatibilidad con el primer dispositivo, ávidos de que cambiase de tableta cada seis meses.
Hoy en día, Android se ha ganado a pulso la fama de ser un buen sistema operativo para tabletas y junto a la política de precios bajos de los dispositivos Nexus, terminé mirando una de siete pulgadas. Suponía que sería más fácil de transportar y para los usos que tenía pensado (escribir, leer, navegar y bastantes pdf), esas siete pulgadas se me antojaban suficientes. Pero, cuando había tomado una decisión y me encontraba comentándoselo a eme, me dijo que porqué no mirábamos una para comprar entre los dos. Ese bonito gesto de pareja que tanto conmovió mi corazón tuvo un efecto inmediato: aumentó las pulgadas de la Nexus de siete a diez.
Lo que sucede cuando recibes un artículo electrónico en el trabajo es digno de estudio: la ilusión te vuelve gilipollas. Por supuesto, no pude reprimir las ganas de conectar la Nexus 10 a través del móvil y, en apenas tres horas, fundir la mitad larga de mi tarifa de datos, quedándome a cero con medio mes por delante. Es un dispositivo estupendo, rápido, ágil y, como no, con una gran interoperatividad con la cuenta de correo de gmail, lo cual se traduce en una cantidad ingente de datos que aparecen solos.
Tras dos semanas de uso intensivo estoy contento con el cambio. La nueva tableta es más rápida y potente, y el sistema operativo utiliza muy bien todo el hardware. Con un puñado de aplicaciones bien escogidas, el uso que se le da a estos dispostivos es impresionante. Ayer, sin ir más lejos, estuve jugando un buen rato al Need for Speed Most Wanted y me sorprendió la calidad de los gráficos y lo fluido que iba el juego.
Ahora, lo único que falta y que estado retrasando todo lo posible es la evaluación final, el banco de pruebas más exigente que conozco: mi sobrino. Ya en semana santa me estuvo preguntando cada diez minutos por el ordenador puesto que quería ver al perrín. Traducido al román paladino, quería jugar con Ben, el perro hablador que tenía en el iPad. Afortunadamente el móvil me permitió salir del paso sin perder puntos.

Pero para la próxima ocasión quiero estar mejor preparado. Por eso ya tengo medio zoológico embutido en la Nexus 10, junto con Thomas y sus colegas, algún que otro simulador de trenes y todo ello en un bonito perfil con su foto. Para que no tenga que buscar entre las cosas de su tío. Y, si de esta no sale un Sheldon Cooper con título de veterinario, no sé que saldrá.
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