de la mano

Incluso cuando el trabajo y la intemperie las ha fortalecido, mis manos no se parecen en nada a las de mi padre, igual que mi figura que se ha vuelto desgarbada y flaca en los últimos tiempos no tiene nada que ver con la suya, recia, ancha, sólidamente aposentada sobre la tierra. De pronto soy más alto que él, y mis manos y las suyas hace ya mucho que dejaron de encontrarse. Debería uno conservar el recuerdo de la última vez que caminó de la mano de su padre.

* El viento de la luna. Página 113. Antonio Muñoz Molina.

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