Seamos todos sinceros, ¿para qué necesitamos todos una línea de ADSL de no sé cuanto gigas? ¿Para mandar e-mails? Telefónica sabe que el 80 por ciento del volumen de tráfico en sus líneas es descarga de archivos.
Ángeles González-Sinde.
Archivo de la etiqueta: adsl
incidencias telefónicas (I)
Hace quince días nos llamaron de Orange para ofrecernos, como no, el oro y el moro si cambiabamos nuestra conexión de ADSL a los seis meigas. Son muchos años tratando con esta gente y, sinceramente, no terminé de fiarme hasta que lo vi en mi casa, funcionando a dos míseros megas (en cuanto termine la oferta, me vuelvo al meiga único), una semana después. Todo parecía ir bien, ellos estaban contentos con su actualización y nosotros felices porque Prison Break baja en la mitad de tiempo. Hasta ayer.
Por la tarde nos dimos cuenta que no recibíamos llamadas desde que nos había llegado el email de confirmación de alta de servicio. No solemos recibir muchas llamadas al fijo pero, ese día, media familia de eme intentó hablar con ella y terminó recurriendo al móvil. Extrañados y un poco perplejos, comprobamos que era cierto y nos rondó la idea, absurda idea, que una actualización del ADSL nos había dejado sin llamadas entrantes. Vivir para ver.
Tras pasarme mis quince minutos al teléfono, alguien de Orange decidió que era un problema de Telefónica, empresa propietaria de las líneas de teléfonos y me instó a llamarles. El call center de Telefónica, ese lugar deslocalizado y regido por leyes absurdas y oscuras, es caza mayor. De mi vida anterior guardo un montón de llamadas, encontronazos y desaires, pero también un pequeño triunfo contra esa maquinaria destinada a enloquecer a cualquiera, en vez de a resolver problemas. Armado con mi único recuerdo positivo y un lápiz con que apuntar detalles e incongruencias, les llamé y, en poco más de minuto y medio, me colgaron. Por el medio se puso un aviso de avería, intenté explicarme con el imbécil del operador sin ningún éxito y el fulano, tras ignorarme y seguir su procedimiento, me dijo el número de incidencia a la carrera y me colgó. Me quedé a medio camino, entre aliviado y perplejo, porque ya estaba puesto el aviso y no había habido daños.
Esta mañana me ha llamado un señor muy serio de Telefónica, que sí a atendido a mis explicaciones y que me ha dicho, literalmente, que puede haberse mojado el par. Con dos cojones. Lo que me preocupa no es el par, sino que la avería comenzó antes de cayese una sola gota.
Continuará… me temo.
despedida y cierre
No, no pienso cerrar el chiringuito, renegar de Internet y dedicarme a la cría del sapo cancionero. Simplemente voy a dar de baja la línea de teléfono de casa y, obviamente, la conexión a la red, con todo lo que ello conlleva y sé muy bien lo que pasará, porque lo he vivido antes y no es divertido.
La amputación de la banda ancha tiene efectos secundarios claros, que van desde la ansiedad por no poder leer el correo electrónico cada diez minutos –hola, soy n1mh y soy adicto– a la frustración de tener que usar el acceso al banco y no poder. En medio, la formación online que debe recibir eme en su trabajo, mi adicción a los blogs y a las historias tontas, las cositas de linux, la VoIP y un largo etcétera.
Obviamente, todo lo dicho se hará por causas de fuerza mayor, una “pequeña” mudanza, un cambio de piso y una lista de prescindibles cuya primera entrada es breve y concisa: Internet. ¡Pero voto al Chápiro verde que, en cuanto vuelva a salir la oferta de alta de línea gratis, volveré por mis fueros! Mientras tanto, la continuidad está asegurada y el dominio blindado y, bien es sabido, que de vez en cuando uno debe desintoxicarse para volver a caer con más fuerzas, para poder saborear con intensidad todo lo que, hasta ahora, era pura rutina. Y ¡qué carajo!, necesitaré tiempo para montar todo lo que vamos a comprarle a los suecos.
Espero no tener que poner un manual de “Cómo darse de baja de Internet, en quince cómodos plazos”, aunque con estos operadores que tenemos, no descarto nada.
