las bicicletas de Mérida

Ayer comenzó a funcionar en Mérida un servicio de bicicletas de alquiler para disfrutar de la ciudad sin los agobios del tráfico y desde una óptica diferente. La noticia salió hace meses, allá por marzo y, personalmente, me pareció una buena idea. Luego, como siempre en estas cosas de palacio, el proyecto sufrió varios retrasos hasta que, finalmente, se estrenó ayer lunes con medio centenar de bicis y un centenar de potenciales usuarios. Ya me imagino la escena del negociado en la cola de las bicicletas…

Insisto en que la idea me parece fantástica y que, cuando funcione correctamente, será una delicia utilizar los carriles bici para moverse por un centro urbano con un buen porcentaje de calles peatonales, direcciones únicas que crean ratoneras y demás trampas. Hasta entonces, hasta que funcione correctamente, habrá que seguir jugándose el tipo cada vez que salga a la calle como ciclista.

Hay ejemplos claros de lugares donde esta iniciativa lleva tiempo funcionando con bastante aceptación y otros donde no tanto, pero mi impresión personal es que han copiado y lo han hecho mal. Para empezar, el ayuntamiento creó una red de carriles bici sobre los que la iniciativa discurriría tranquilamente. Como en el centro de la ciudad hay poco espacio para añadir más cosas a las calles, han decidido reutilizar las calzadas y darles rango de carril bici. Es esperpéntico ver cómo vías de sentido único se han convertido, por obra y gracia de una plantilla y un poco de pintura blanca, en un carril bici. No hay sitio, estamos de acuerdo, pero no es ninguna solución etiquetar calles enteras como carriles bici, simplemente para cubrir una estadística: X kilómetros de carril bici por el centro de la ciudad.

Calle de sentido único, convertido en carril bici inverso

Calle de sentido único, convertido en carril bici inverso

Ahora las calles afectadas tienen pintado el logo de la bicicleta cada cierto número de metros (unas boca arriba, otras boca abajo) y una señal al principio de la misma, en donde se dice a los conductores de vehículos a motor que ya no están solos: sed buenos y no atropelleís a los que van a pedales. Uno no sabe, a la vista de las señales, si la calle es para coches, bicis, ambos o si los coches tienen que tener cuidado con las bicicletas que vienen de frente.

La prueba definitiva de que han copiado (mal) la idea es la página web de información: bicimerida.es. Independientemente de la estética, cabe resaltar el mensaje que se repite constantemente en la parte inferior: Desarrollado por el Instituto Tecnológico de Castilla y León. Más claro, agua.

Por último, se trata de un servicio de alquiler de bicicletas, que será gratuíto hasta el primero de enero de 2010, cuando se revisará este punto. Si, una vez llegado el momento, optan por comenzar a cobrar por el servicio, por muy bajo que sea el precio, el estímulo para crear “un modelo de vida urbano más sostenible” y “una nueva cultura “, se irá al garete.

Con respecto a la gestión del sistema, el consejero ha adelantado que se adaptarán a las preferencias que cada ayuntamiento tenga en cuanto a condiciones de uso u horarios, aunque en todo caso ha adelantado que personalmente se muestra contrario a un servicio totalmente gratuito y aboga por que el alquiler se realice a un precio bajo, asequible a cualquier ciudadano.
Diario Hoy.

Viendo las diferencias que hay entre fantasía y realidad, estoy dudando si apuntarme o no al experimento. Porque, a estas alturas no me apetece ni rellenar con mis datos, incluído la localidad, una mísera hoja de papel cargada de logotipos del ayuntamiento de Merída.

manual del perfecto conductor

El día once de enero, con la resaca de año nuevo retumbando en los oídos y los polvorones todavía atragantados, leí el siguiente artículo en El Periódico de Extremadura:

Una campaña informativa enseña cómo se circula en las rotondas.

El 92% de los accidentes en las glorietas se debe al factor humano.Recomiendan usar el intermitente izquierdo mientras se circula por dentro.

Es dificil que un artículo del periódico local (también conocido como la hoja parroquial) me enganche como lo hizo éste, captando mi atención y consiguiendo que lo leyese entero. Quizá por eso lo he buscado para guardarlo aquí. También contribuyó el debate posterior y las clases de seguridad vial improvisadas sobre la mesa, con un servilletero y una taza de café ejerciendo de vehículos.

Aquí, en Mérida, se conduce mal, tremendamente mal. Se puede decir más suave, pero eso no alivia la frustración ni la cara de gilipollas que se nos quedan a algunos que conocemos y usamos los intermitentes y ciertas normas básicas de conducta. El artículo habla de las rotondas y, en el pdf que se adjunta, se puede ver un gráfico en el que se explica detalladamente, cómo conducir a través de una glorieta, dependiendo de la salida que se vaya a tomar. No deja de ser una iniciativa loable pero estéril. Aquí, las rotondas se toman por el interior, con los ojos en blanco y obviando carriles, señales y vehículos.

Una tarde que no tenía nada que hacer, de vuelta a casa, me entretuve siguiendo al coche de una autoescuela, para ver cómo reaccionaba, qué enseñaba. Me bastaron dos rotondas, las que hay a los extremos del puente de Lusitania, para olvidarme de las clases de conducción y correr a refugiarme en casa. Aquella mañana, tomando el café y digiriendo la prensa, me acordé sin cariño de la chica que conducía el coche de la autoescuela porque, en dos rotondas se llevó por delante tres capítulos completos del Manual de conducción y el gráfico que yo ojeaba. Lo peor, por supuesto, fue ver cómo el monitor que le enseñaba, ese incauto, le marcaba las salidas a golpes de tacón y gritos de ¡ar! Después de recordar aquella escena, el 92% me parece una cifra pequeña, insignificante casi.

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