conductores temerarios

Me acabo de enterar de que el “joven” herido leve en un accidente de coche en Badajoz es mi amigo Carlos. Lo bueno de una noticia tan mala como ésta, fue que el mismo Carlos me lo comentó y me envió el enlace, contándome que está bien, que le han puesto una escayola y que está aprendiendo a hacer vida normal con la mano izquierda. Lo malo es que, gracias a la prensa (ya soy como los expresidentes de gobierno), me entero de que el hijo de puta que conducía el coche que cometió la infracción y causó el accidente, se dio a la fuga.

Un motorista de 35 años resultó ayer herido leve tras sufrir alrededor de la una de la tarde un accidente en la avenida Manuel Saavedra Martínez, a la altura del campo de fútbol del Viejo Vivero, en el que se vió implicado también un turismo, cuyo conductor se dio a la fuga y no prestó socorro al accidentado, según informó la unidad de atestados de la policía local. Los agentes estaban tratando de localizarlo, aunque la única pista que tenían era que el vehículo era de color blanco. Al parecer, el coche no habría respetado el paso de la moto y el conductor de ésta última cayó al suelo tras hacer una maniobra para evitar una colisión. Vía: el Periódico de Extremadura.

Yo reconozco que, desde que estoy en Extremadura, han cambiado mis habilidades en la conducción para mal. En Badajoz, primero, aprendí lo que pasa cuando imperan dos leyes complementarias: la del más fuerte y la de la frontera. Es un poco caótico al principio pero, en cuanto te das cuenta que no se respeta ninguna señal (como en Portugal) y que tienes que entrar más rápido que el resto en las rotondas (para parecer más fuerte), lo más gordo está hecho. Eso sí, en Mérida fue donde me saqué el Máster. Sin ánimo de ofender, en Badajoz conducen como nenas. En Mérida, con ese estilo más sosegado y sin necesitar tanta velocidad media, son capaces de cruzar una rotonda por la cuerda y ocupando los tres carriles a la vez. Del respeto a las motos creo que hablaré otro día, uno en que no me hierva la sangre, aunque por lo que veo en Badajoz no le van a la zaga.

Carlos, pishita, mejórate de tus heridas, aprende nuevos usos para hacer con una sola mano y busca en ebay un cañón de plasma que acoplarle a la moto, para la próxima vez que te veas en esa tesitura. La mía ya lo tiene.

manual del perfecto conductor

El día once de enero, con la resaca de año nuevo retumbando en los oídos y los polvorones todavía atragantados, leí el siguiente artículo en El Periódico de Extremadura:

Una campaña informativa enseña cómo se circula en las rotondas.

El 92% de los accidentes en las glorietas se debe al factor humano.Recomiendan usar el intermitente izquierdo mientras se circula por dentro.

Es dificil que un artículo del periódico local (también conocido como la hoja parroquial) me enganche como lo hizo éste, captando mi atención y consiguiendo que lo leyese entero. Quizá por eso lo he buscado para guardarlo aquí. También contribuyó el debate posterior y las clases de seguridad vial improvisadas sobre la mesa, con un servilletero y una taza de café ejerciendo de vehículos.

Aquí, en Mérida, se conduce mal, tremendamente mal. Se puede decir más suave, pero eso no alivia la frustración ni la cara de gilipollas que se nos quedan a algunos que conocemos y usamos los intermitentes y ciertas normas básicas de conducta. El artículo habla de las rotondas y, en el pdf que se adjunta, se puede ver un gráfico en el que se explica detalladamente, cómo conducir a través de una glorieta, dependiendo de la salida que se vaya a tomar. No deja de ser una iniciativa loable pero estéril. Aquí, las rotondas se toman por el interior, con los ojos en blanco y obviando carriles, señales y vehículos.

Una tarde que no tenía nada que hacer, de vuelta a casa, me entretuve siguiendo al coche de una autoescuela, para ver cómo reaccionaba, qué enseñaba. Me bastaron dos rotondas, las que hay a los extremos del puente de Lusitania, para olvidarme de las clases de conducción y correr a refugiarme en casa. Aquella mañana, tomando el café y digiriendo la prensa, me acordé sin cariño de la chica que conducía el coche de la autoescuela porque, en dos rotondas se llevó por delante tres capítulos completos del Manual de conducción y el gráfico que yo ojeaba. Lo peor, por supuesto, fue ver cómo el monitor que le enseñaba, ese incauto, le marcaba las salidas a golpes de tacón y gritos de ¡ar! Después de recordar aquella escena, el 92% me parece una cifra pequeña, insignificante casi.

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