El pasado sábado asistí a la presentación del libro que hicimos entre los integrantes del taller de escritura y, lo cierto, es que me lo pasé muy bien aunque todavía me acuerdo de los nervios pasados.
Me imagino que, en cierto modo, estoy en deuda: con la familia y los amigos que estuvieron allí, dando ánimos y apoyándome en un momento tan interesante, sin hacer preguntas embarazosas; con Celia, que organizó el evento y me lió para para estar en la mesa; y con mis compañeros del taller, por haber sido tan amables.
Por cierto, hoy me he enterado que la señora que estaba situada a mi izquierda en la mesa, María Antonia, es una consumada actriz. Un pequeño ejemplo:
