n1mhinho

La mayor parte de la gente que me conoce sabe que, deportivamente hablando, soy un paquete. Nunca he sido bueno en ningún deporte, con la única excepción del esquí, en parte porque no podía correr gracias al asma y también porque, una vez superado éste, no me interesaban demasiado. Siempre he encontrado más divertido y estimulante un buen libro que perseguir a una pelota de fútbol en una pista de asfalto.

Pero, por salud, hace años que practico algún deporte, el que sea, con tal de rebajar kilos, colesterol, ácido úrico, grasa abdominal y, si se tercia, dioptrías por ojo. Esta vida que llevo es lo suficientemente sedentaria como para hasta yo que comprenda que hay que menear este cuerpo de botijo un par de veces por semana. Por eso, desde el mismo año en que entré en mi actual empresa, intentamos jugar un partido de fúmbol a la semana, unas veces con más éxito que otras. ¿Qué beneficio sacamos con ello? Poco más que el sudor que perdemos y la noche plácida de agotamiento que pasamos. El resto son inconvenientes: lesiones, heridas, golpes, cabreos, rivalidades, enemistades y algún que otro lance del juego que casi termina en duelo.

Ayer jueves jugamos nuestro segundo partido en esta semana y, por primera vez en todo este tiempo, fue mi noche. Probablemente sonará terriblemente pedante y pretencioso pero… ¡qué coño!, es mi blog y el que no quiera leerlo, puede seguir este enlace. Todavía no sé la razón pero me las apañé para marcar la mitad de los goles de mi equipo, que eran los mismos que los obtenidos por el equipo contrario. También intenté algunos regates, un puñado de pases y alguna otra cosa que, seguro, abré visto en el último Campeonato de Europa.

Lamentablemente, mi impresionante actuación quedó eclipsada por el intento de Espinete de derribar, mediante potentes golpes de nuca, uno de los muros de ladrillo que delimitan el campo. Sí, están puestos en mal lugar; sí, son rígidos, resistentes y no ceden cuando algún deportista tropieza con ellos pero, aún y así, deberían ser respetados. Espinete, en el lance, terminó levemente tocado pero, ya veremos si el muro sigue allí la semana que viene.

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articulaciones de cristal

Men sana in corpore sano. ¡Mentira! Esta mañana apenas si puedo moverme ni caminar y todo por hacerle caso al Pepito Grillo que tengo en la cabeza, ese que llevaba semanas gritándome que me moviese, que hiciese algo más que estar bajo el aire acondicionado. No dudo que Pepito Grillo tenga razón, ni lo ingrato de su tarea pero, al día siguiente de dejarme convencer, todos los argumentos con los que predican los fanáticos de la salud y el binestar me parecen mentira.

La vuelta al cole de los más pequeños coincide, este año, con nuestra vuelta al deporte y con la feria de Mérida. A los crios los putean un año más con la excusa de que van a volver a ver a sus amiguitos después de tres meses de descanso y a los adultos la gente de la capital extremeña le dan una excusa para pasearse entre las casetas de los diferentes partidos políticos, borrachos como sólo se está en fiestas. A nosotros, torpes sufridores del latinajo del principio, sólo se nos ocurrió alquilar una pista de futbito en la Ciudad deportiva para correr tras un balón amarillo al que, por más señas, no le debimos caer demasiado bien, viendo lo abultado del resultado.

Esta mañana camino como si mis articulaciones fueran de cristal y pudieran romperse a cada instante. No es una sensación agradable pero, tras tres meses sin moverme, imagino que es lo mínimo que podía esperar. Ahora ya sé que ver deporte en la televisión, aunque se trate de las Olimpiadas Chinas, no te prepara para realizarlo fuera de ella. De hecho, ni tan siquiera te sirve de calentamiento.

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¡a primera!

El Sporting vuelve, diez años después, a primera división. No es que sea muy amigo del fútbol, al menos del que se puede ver en la televisión y mueve demasiados millones con cada patada al balón pero, si se trata de hacer patria y sacar pecho, la distancia borra toda precaución y me suelo apuntar al carro. Si, además, se trata de algo de mi ciudad, entonces ni excusas, ni vergüenza ni nada que se le parezca.

¡Puxa Sporting!


sporting de gijon ascenso daboweb.com

Nota: Obviamente, las celebraciones me pillan bastante lejos, así que le he cogido prestada la foto a Dabo, de su fantástica galería de la celebración del ascenso.

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fútbol y sidra

carlos en castellón con el sporting

Cuatro mil gijoneses en Castellón el fin de semana pasado, mucha sidra, muchos nervios y el lunes, en las páginas deportivas del periódico me encuentro con el careto de mi primo. Y sí, es el de la botella de sidra…

Vía: lne.es
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parte de guerra

Segundo dia tras el cambio de circuito en el gimnasio. No sé porqué dicen que el deporte es sano y fuente de salud. Apenas si puedo moverme. Los brazos no son míos; no suben más allá de los hombros. Las piernas se niegan a dar pasos mientras el cerebro me envía imagenes de camas, sofas y futones.

Golpear las teclas con las puntas de los dedos duele. Apoyar los brazos en la mesa duele. Estar tirado en el sofa duele. Mañana, me apuesto algo, tendré que usar la nariz para aporrear el teclado torcido del trabajo.

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la rifa

Los gimnasios están en la lista de lugares en los que los profanos nos sentimos mal, extraños en un mundo ajeno, cálido, brillante por el sudor y con el rancio del esfuerzo físico. También te sientes pequeño, desvalido, ante tanto fortachón bien pagado de sí mismo. Son, en definitiva, un mundillo al que no había querido ingresar, hasta ayer.

Ayer, eme y yo hicimos nuestra entrada triunfal en el gimnasio cercano a nuestra casa, como un par de colegiales en una clase llena de repetidores. Me imagino que, la parte más divertida de trabajar en uno de estos microclimas, es ver entrar a un par de novatos como nosotros. No podía dejar de pensar en aquella escena de Prison Break donde llega un cargamento de “peces” y los más veteranos se los rifan.

Contra todo pronóstico, nuestro primer día de deporte y vida sana no ha tenido excesivos efectos secundarios y ambos hemos podido venir a trabajar hoy.

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