presentando un libro

El próximo 11 de julio, a las 19 horas, me subiré al estrado de la sala de conferencias de la FNAC en Parque Principado, junto a un puñado más de compañeros del Taller de las Palabras, para presentar el libro que hemos perpetrado entre todos. Será la segunda puesta de largo de Cuentos y reencuentros. Una vez superados el miedo escénico, el pánico al ridículo y la sensación de vergüenza más importante que puedo recordar, lo único que me falta es invitar a todo el mundo al evento.

Portada

No habrá pincheo, ni vinito español, ni cocktail de bienvenida porque seguimos siendo muchos a repartir los ingresos que no genera el libro pero, a cambio, trataremos de no aburrir en exceso, mientras contamos qué carajo hacemos allí subidos.

Por cierto, a todos aquellos “amigos” que han prometido llevar pompones, pancartas e, incluso, coros góspel, que sepaís que la seguridad del local estará a cargo de mi madre… ¡Advertidos estaís! :D

ni ricos, ni famosos…

¡pero salimos en la prensa!

«Cuentos y reencuentros», un paso adelante de 37 escritores noveles

Que no niego que haya algo de autobombo pero, ¡qué bien sienta! Coincide, además, con una crítica increíble que le ha dedicado una de las compañeras del taller al relato que presenté al libro, con lo que ya me han alegrado el día. Tenía pensado retirarme del difícil mundo de la escritura, ahora que estoy en la cumbre pero…

presentación del libro «Cuentos y reencuentros»

Mañana, viernes 29 de mayo, se presentará en el Club de Prensa Asturiana, el libro «Cuentos y reencuentros», en el que participé con un relato. Se trata del primer libro (y único hasta la fecha) que hemos hecho entre los miembros de El Taller de las Palabras. El evento, que estará presentado por el director del taller, comenzará a las 19 horas y yo, que todavía tengo el jet monopropulsado en el taller, con la revisión de los diez mil kilómetros, no podré llegar a tiempo. Aún y así, mucha mierda a mis compañeros, los que van a estar en el escenario y los demás, asistan o no y un consejo: llevad un par de rotuladores de colores para firmar libros. ;)

+ info: nota oficial del Club de Prensa.

relato – El tiempo necesario

Al final, respiré. Hondamente. Profundamente. Como no recordaba. Sólo un accidente. Había sido eso. Nada más.

Alrededor, piezas. Fragmentos de coche. De mi coche. Ahogué un quejido. No tenía coche. Ya no. Un minuto. Sólo un minuto. Apenas nada más. El tiempo necesario. Después, el caos. Después, sin coche. Tirado. Dolorido.

Grité. No sé porqué. Rabia. Impotencia. Idiotez. Adrenalina. No lo sé. Miedo, tal vez. Luego, los civiles. Buenas tardes. Buenas tardes. Pruebas de alcoholemia. Pruebas de drogas. Pruebas de frenado. Informes. Y el atestado. Ni una sonrisa. ¿Qué ha pasado? Cuéntenos su versión.

Me gusta conducir. Desde siempre. Y el control. Las curvas. La noche. Carreteras regionales, no. Y tampoco autopistas. Prefiero las nacionales. Tienen más curvas. ¿El accidente? Si, en recta. No me explico. Voy atento. Siempre. Soy diligente. Me anticipo. Tengo reflejos. No fumo. No como. No bebo. No tomo drogas.

No lo vi. Eso es cierto. Simplemente apareció. Se puso enfrente. Se tiró encima. Apenas veinte metros. Pero lo esquivé. No sé cómo. Miré. No había nadie. Volví a mirar. Ya estaba allí. Surgió. Sólo pude reaccionar.

Giré el volante. Violentamente. Frené. Temí lo peor. El coche derrapó. Crucé el carril. Vi coches enfrente. Di otro volantazo. Las ruedas obedecieron. Cruce dos carriles. Fui al arcén. Contra el guardarraíl. Me sujeté. Esperé el golpe. No podía pensar. Mi cabeza gritaba. Órdenes tras órdenes. Mi cuerpo respondía. Entero. Sin dudas. Como una máquina. Como nunca. El volante giró. Otra vez. Impacto lateral.

Apenas hubo golpe. Sí muchas chispas. ¡Mi coche!, pensé. ¡Lo estoy destrozando! Pero estaba vivo. Traté de frenar. No quiso. El guardarraíl frenaba. Pero no demasiado. Poco a poco. Lentamente. Parecía que frenaba. Casi estaba detenido.

El golpe apareció. Desde atrás. Inesperado. Con todo resuelto. Otro vehículo. Sin advertencias. Sin ruido. Sin esperar. Ese sí dolió. Y aturdió. Y dió impulso. Más chispas. Mi cuerpo, descontrolado. El coche, lanzado. Sin fricción. Libre.

De pronto, recordé. El freno manual. Podría funcionar. Busqué la palanca. A ciegas. Mano derecha. Palpé. Entre los asientos. ¡Bingo! Tiré. Sin pensar. De golpe. Con fuerza. No esperaba aquello. Frenó, sí. Derrapó, también. Giró. Ciento ochenta grados. Misma dirección. Sentido opuesto. Veía coches enfrente. Venían hacia mí. Esperé otro golpe. Uno frontal, brutal. Nunca se produjo. El coché frenó. Sin más. Sobre la línea. En el centro.

Mi cabeza gritaba. ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Sal del coche! Yo intentaba obedecer. Busqué la palanca. La puerta abrió. Estaba intacta. Era lo único.

Salí. Mis piernas temblaban. No me sostenían. Mi cabeza gritaba. ¡Vete al arcén! ¡Quítate del medio! Obedecí. Ví otros coches. Detenidos. Golpeados. Gente asustada. Corriendo. Hacia el arcén. Todos.

Salté el guardarraíl. Caí de rodillas. No me levanté. Vomité. Temblaba. Sudaba. Reía. Lloraba. Todavía vivía. El peatón, también. El coche, no. Veía cachos, fragmentos. Aletas, puertas, focos. Todo roto. Por la carretera.

Alguien preguntó. ¿Está bien? ¿Tiene algo roto? Asentí. Quería hablar. No podía. Paladee vómito. Palpé sudor. Me estremecí. Me ladee. Terminé tirado. Olí la tierra. Sentí calor. Dejé de temblar. Dejé de llorar.

Lentamente, me levanté. Varios coches rotos. Un coche humeaba. Gente esperando. El tráfico, detenido. Al fondo, luces. Se oían sirenas. Se calmaban algunos. Otros lloraban. Uno ofrecía ayuda. Yo no sentía. Apenas oía. Sólo mi sangre. Bom, bom, bom. Contra mis oídos. Nada más.

Respiré. Y paladee vómito.

Ejercicio para el taller de escritura que consistía en escribir un relato empleando frases de tres palabras, como máximo. Hay que estar atento, la verdad, porque a la mínima se lía uno la manta a la cabeza y no le salen frases de menos de quince palabras. Quizá por eso, por ese límite máximo que han impuesto, ahora me desahogo escribiendo el equivalente a medio texto en tres únicas frases. ¡Vendetta!