Junio 19th, 2008 — etiquetas:cuarto, english, eoi, escuela oficial de idiomas, examenes, exams, fourth degree, ingles, merida
Este ha sido, sin duda, el peor año que he pasado en la Escuela Oficial de Idiomas de Mérida. Y lo ha sido por tres motivos: el ritmo que, desde el primer día, imprimió la profesora al temario, que siempre encontré demasiado alto; la gran cantidad de clases a las que no fui por irme de juerga a Austria; y el que los compañeros de clase fuesen gente mayor, que había pasado tiempo en paises anglófonos y sólo iban a clase a sacarse el título y hablar rápido.
Por eso, esta semana acudí a los exámenes con cierto excepticismo y completamente liberado de cualquier presión, con la vista en setiembre más que en junio. Poco estudio (negarlo sería de necios) y mucha confianza en mi curso avanzado de inglés y cerveza en Austria, me hicieron olvidar muchas cosas y relajarme en exceso. Y, quizá por eso, al terminar esta tarde el examen oral (de inglés, no ingles), la profesora me dijo que había aprobado todo, que había pasado cuarto. Suelo ser calmado pero me puse tan nervioso que no pude decir nada coherente, sólo tonterías, mientras daba botes.
Así que se acabó, se terminó el cuarto curso de inglés y en setiembre me espera quinto, el último escalón de esta escalera que subo, de momento, porque quiero y sin prisas. Aprender por el simple placer de aprender. De locos.
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Enero 12th, 2007 — etiquetas:certificado, eoi, ingles
Lo que son las cosas. Esta tarde ponía una breve descripción que un funcionario hace de su propio trabajo y esta noche, finalmente, he podido recoger mi certificado que demuestra que ya tengo unos conocimientos mínimos (miserables) de inglés y sólo he tenido que pasar por allí ¡ocho veces!. Eso, en algunos paises nórdicos lo llaman eficacia. El certificado, un nombre pomposo para un pedazo de papel estándar en color amarillo claro, no estaba hecho, no estaba firmado, databa de la época de paco o estaba escrito en inglés, sin tíldes ni eñes aunque, para remartar, cuando por fin lo tiene todo, no está inscrito en el libro de registro.
El (o la, cosas del género) administrativo que tuvo que soportar todo el cruce de notas, con mis comentarios al margen, ha debido quedar bastante cansado de mi y ha debido “olvidar” el último trámite, el del registro, de forma voluntaria. Y no le culpo porque, aunque me hacía gracia el tema y procuraba escribir las notas más o menos bien, las notas, esos pedazos de folios ya usados en los que las bedeles me decían que había que hacer todo el trámite, decía, eran pura quinina. Comprendo (pero no disculpo), que cuando a uno le toca la lotería de una plaza en la administración, de por cumplidos sus objetivos personales y se dedique a sus historias pero, de ahí a olvidar todo el apartado de cultura general que tuvo que aprender para obtener el puesto, media un abismo.
El último documento lo devolví a fábrica porque mi nombre no tenía tildes ni eñes, porque Asturias aparecía entre paréntesis, como un resto de la operación de borrado y porque había un par de palabras más mal escritas. Una joya de documento oficial o certificado, que estaría orgulloso de mostrar allá donde fuera.
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