Redacciones de diarios de cuando un periodista todavía se ciscaba en lo políticamente correcto, los redactores jefes no eran robots mingafrías sino interesantes cruces genéticos entre perro de presa, padre confesor, tahúr cínico y madame de burdel; y los periodistas, desde el curtido veterano al osado cachorrillo que heredaba su olfato y maneras, éramos una banda de piratas descreídos, puteros, burlangas, rápidos de ojo y de tecla: desalmados capaces de prostituir a nuestras hermanas o novias con tal de firmar en primera página, siempre a caballo entre el mundo de afuera y aquellas fascinantes redacciones llenas de humo de tabaco, con tazas de café manchando las mesas y botellas de whisky en los cajones, junto al repiqueteo constante de los télex y el tacatatatactac de docenas de dedos febriles golpeando recias máquinas de escribir; duros artefactos sonoros en los que se tecleaba con furia, pasión, rencor, ilusión, ansia de revancha, de aventura, fama, gloria o dinero, en redacciones frecuentadas por los mejores periodistas del mundo: fascinantes escuelas de oficio y de vida donde, cuando repicaba un teléfono a las dos de la madrugada, en plena timba donde algunos se jugaban la nómina cobrada esa misma tarde, cuando ya sólo se oía el tecleo de la máquina de escribir del crítico teatral -Alfredo Marquerie era el nuestro- que acababa de llegar del café Gijón tras cubrir un estreno, asomaba la cabeza por la puerta de su mampara un redactor jefe para decir: «No cojáis el teléfono, cabrones, que puede ser una noticia».
Arturo Pérez-Reverte en El sonido de aquellas teclas.
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máquinas de masturbarse
Periodista –¿Cuál es tu última obsesión?
Hank Moody –Sólo el hecho de que la gente se está volviendo estúpida y más estúpida, es decir, tenemos toda esta increíble tecnología y, sin embargo, los ordenadores se han convertido en máquinas de masturbarse. Internet se suponía que tenía que hacernos libres, democratizarnos pero en realidad todo lo que nos dan es un fallida candidatura de Howart Dean y acceso las 24 horas del día a porno infantil.
La gente, ellos, ya no escriben. Ellos escriben en blogs. En cambio, en su texto no hay puntuaciones, no hay gramática. LOL esto y LMFAO* aquello. *(Abrev. de Me parto el culo de la risa). ¿Sólo me lo parece a mí, o son sólo un grupo de gente estúpida pseudo-comunicándose con un grupo de otros estúpidos, en un protolenguaje que se parece más al usado por los cavernícolas, que al inglés de los Reyes?
Periodista –Ahora, tú eres parte del problema. Estás por ahí fuera blogueando con lo mejor de ellos.
Californication – L.O.L (S01E05).
yo escribo, tu escribes…
Leo en Userlinux que hay un nuevo meme pululando, ésta vez sobre los motivos que llevan a una persona a escribir en un blog. Ahí va:
- Porque sé que, cuando uno se pasa media vida entre libros, necesita intentar escribir algo, lo que sea, aún intuyendo el fracaso y lo vacuo del intento.
- Porque es un vicio que puedo confesar.
- Porque es una deliciosa manera de perder el tiempo.
- Porque me ahorro un dinero, un buen dinero, en psicólogos y psicoanalistas.
- Porque leyendo conocí mil mundos y escribiendo pinto el mío.
- Porque vivo lejos de casa, de la familia, de los amigos y esta es la forma más barata de no estar repitiendo siempre las mismas historias.
- Porque escribir no es lo difícil, lo verdaderamente jodido es mostrar los que has escrito y no morirte de vergüenza, aguantar a pie firme las miradas de éste está pa’llá.
- Porque refuerza el ego.
- Porque disfruto cuando alguien me dice que ha leído algo de lo que he escrito.
- Porque sí, porque yo lo valgo.
decálogo para escribir un relato
- Planifica el argumento, es decir, lo que vas a contar
- No te pares
- Manten el mismo punto de vista del narrador
- Sé fiel al tiempo verbal
- Evita los dos extremos: lenguaje telegráfico/barroco
- Describe, no limites la historia
- Usa adjetivos y adverbios con moderación
- Utiliza sustantivos concretos
- Haz que tu historia tenga detalles y movimiento
- Revisa cuando termines
En el hall de la biblioteca Delgado Valhondo hay unos paneles donde cuelgan todo tipo de avisos, desde las actividades a realizar, hasta extraños decálogos para futuros novelistas.