homínidos

Vivimos en un tercero y, desde hace más de tres horas y media, se celebra en la acera de enfrente una reunión de ¿vecinos?. Siempre me han hecho gracia estas supuestas demostraciones de democracia en las que, normalmente, gana el que más grita y cuyos genes más convergen con los homínidos. Y yo que creía que las reuniones de vecinos se hacían dentro del portal, en un espacio común y no en mitad de la calle, a voces y molestando al respetable.

Sé que llevan tres y media porque gritan. Gritan mucho. Tanto que debo subir el volumen de la tele para ahogar sus voces. Sólo hay que verlos, no, ni eso… sólo hay que escucharlos vociferar por encima del ruido para saber que, en medio de esa banda de subnormales, el más ferviente seguidor del diseño inteligente no dudaría, ni por un instante, que el hombre (o al menos esos), proviene del mono. La mala noticia es que alguno no ha evolucionado.

A veces me gustaría tener mi Dragunov bien cebado y a mano…

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quien bien te quiere…

te hará llorar. O, al menos, es lo que dice el refrán. Lo que sucede es que últimamente hay demasiadas mujeres llorando, en un goteo lento pero constante que pone los pelos como escarpias. Y sólo es la punta del iceberg. El resto, son fríos números que no parecen afectar a los asesinos:

78.550 mujeres maltratadas bajo protección judicial

71 asesinadas en 2007

17 en lo que va de 2008

4 sólo el martes pasado

2 acuchilladas ayer

gallego y rey el mundo humor

violencia machista, hijos de puta, asesinos

manual del perfecto conductor

El día once de enero, con la resaca de año nuevo retumbando en los oídos y los polvorones todavía atragantados, leí el siguiente artículo en El Periódico de Extremadura:

Una campaña informativa enseña cómo se circula en las rotondas.

El 92% de los accidentes en las glorietas se debe al factor humano.Recomiendan usar el intermitente izquierdo mientras se circula por dentro.

Es dificil que un artículo del periódico local (también conocido como la hoja parroquial) me enganche como lo hizo éste, captando mi atención y consiguiendo que lo leyese entero. Quizá por eso lo he buscado para guardarlo aquí. También contribuyó el debate posterior y las clases de seguridad vial improvisadas sobre la mesa, con un servilletero y una taza de café ejerciendo de vehículos.

Aquí, en Mérida, se conduce mal, tremendamente mal. Se puede decir más suave, pero eso no alivia la frustración ni la cara de gilipollas que se nos quedan a algunos que conocemos y usamos los intermitentes y ciertas normas básicas de conducta. El artículo habla de las rotondas y, en el pdf que se adjunta, se puede ver un gráfico en el que se explica detalladamente, cómo conducir a través de una glorieta, dependiendo de la salida que se vaya a tomar. No deja de ser una iniciativa loable pero estéril. Aquí, las rotondas se toman por el interior, con los ojos en blanco y obviando carriles, señales y vehículos.

Una tarde que no tenía nada que hacer, de vuelta a casa, me entretuve siguiendo al coche de una autoescuela, para ver cómo reaccionaba, qué enseñaba. Me bastaron dos rotondas, las que hay a los extremos del puente de Lusitania, para olvidarme de las clases de conducción y correr a refugiarme en casa. Aquella mañana, tomando el café y digiriendo la prensa, me acordé sin cariño de la chica que conducía el coche de la autoescuela porque, en dos rotondas se llevó por delante tres capítulos completos del Manual de conducción y el gráfico que yo ojeaba. Lo peor, por supuesto, fue ver cómo el monitor que le enseñaba, ese incauto, le marcaba las salidas a golpes de tacón y gritos de ¡ar! Después de recordar aquella escena, el 92% me parece una cifra pequeña, insignificante casi.

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huida hacia adelante

Detenido Agustín Tarazona, promotor del concierto de Sabina en Mérida, por estafa.

El imputado asegura que otro empresario se ha quedado con el dinero abonado por las entradas.

Primero que no había gente, luego que no tenía el dinero, después que no devolvería nada hasta que no se retirasen las denuncias y ahora resulta que el dinero se lo robó un señor muy grande con bigote… ¡Vamos, hombre! Si robas algo y te pillan, admítelo, no tomes por tontos a los que, lamentablemente, debemos lidiar con semejante sinvergüenza por cincuenta putos euros.

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