Noviembre 17th, 2008 — etiquetas:alvite, historias del savoy, historiasdelsavoy.blogspot.com, jose luis alvite, relatos, savoy
–Hace años que el Savoy es lo más parecido a un charco en mitad del parque, un lugar plácido y anodino en donde nunca pasa nada. Pero no siempre fue así. En mitad de los cincuenta, un par de familias trataron de hacerse con el control de todos los garitos de la ciudad y, ¿sabes qué?, el Savoy estaba en la maldita mitad del campo de batalla. Como si alguien hubiese extendido un mapa sobre la mesa y le hubiese trazado dos líneas divisorias al barrio y una enorme cruz al tejado del bar.–Al hizo una pausa mientras terminaba su cuarto gintonic y miraba de reojo a la puerta de las coristas, el sitio donde, según él, los ángeles bajaban a aquel infierno de tulipas verdes, humo viejo y demonios con audífono.
Tras casi un año en blanco, he escrito otro relato más para el blog de la banda. El resto en Tu nombre tatuado.
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Octubre 1st, 2008 — etiquetas:alvite, citas, curriculum, jose luis alvite, libros
Imagino los problemas que tuvo mi editor al redactar la solapa del primer libro que me publicó. A diferencia de mis colegas verdaderamente notables, no poseo títulos, jamás he ganado un premio y ni siquiera puedo presumir de una personalidad deformada por cualquier enfermedad venérea. Le aconsejé que alargase la foto e incluyese la matrícula de mi coche, la minuta del divorcio y una mancha que diese la falsa impresión de ocultar algo verdaderamente interesante.
José Luis Alvite en Solapa de libro.
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Septiembre 3rd, 2008 — etiquetas:alvite, diario, historias del savoy, historiasdelsavoy.blogspot.com, jose luis alvite, savoy
Más que fe o esperanza, empiezo a creer que lo mío es cabezonería. Después de leer cómo José Luis Alvite dejaba de escribir en El Faro de Vigo, no he dejado de visitar la web del periódico una vez por semana por sí, en una de éstas, se volvía a presentar por allí.
Al final, tanto va el cántaro a la fuente, que vuelve con agua. A día de hoy, Alvite no ha vuelto al periódico gallego pero sí ha continuado escribiendo sus historias del Savoy en La Razón (no lo enlazo porque, sencillamente, no hay nada en este diario que me guste), aunque sólo se podían leer los primeros treinta caracteres, una frase y media. Pero la política del diario ha cambiado y ahora sí permiten leer la columna completa, con lo cual, el Savoy vuelve a estar disponible.
A ver si este evento nos ayuda a retomar nuestras historias del Savoy.
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Mayo 2nd, 2008 — etiquetas:alvite, citas, jose luis alvite
Rondaban por “El Corzo” otras mujeres, pero no eran como tú, Susana Pose, amiga mía, entre otras razones, porque las otras chicas tenían del amor la idea de que se trataba de algo dulce del que cabía esperar la formación de una familia rebosante de fotos y de hormigas, algo para lo que éramos nosotros tan descreídos. Si tú y yo hubiésemos unido nuestros destinos, lo más probable no sería que fundásemos una familia, ¡que bobada!, sino que constituyésemos un grupo de riesgo.
José Luis Alvite en Historia con chica y sombrero (I).
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Marzo 14th, 2008 — etiquetas:alvite, citas, jose luis alvite
Recogió el brazo y se sentó frente a mi. Pelo suelto y ondulado, caído en melena, como un sargazo fresco, sobre los hombros levantados y desnudos, brillantes como si acabase de barnizarlos ex profeso el ebanista. Vestía una blusa negra sujetada con un broche detrás del cuello. “Soy el resto de la chica que conoces”, dijo. “Estás tan cambiada que nada más verte estuve tentado de preguntarte por ti”. Había cumplido la promesa que me hizo al apalabrar la cita: “Me presentaré elegante y discreta. Me maquillaré como dices tú que se maquilla una mujer cuando quiere que se le note el alma sin que se le sepa el precio”. Palabra cumplida.
José Luis Alvite en Llama de cera (I).
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Febrero 18th, 2008 — etiquetas:alvite, citas, jose luis alvite, relatos, savoy
Fue un beso rabioso y apretado que se me hizo largo, amniótico e irrespirable como si nos estuviésemos besando en el fondo del mar, pero resultó también uno de esos besos comestibles y excitantes que saben a sexo y a comida. Después ella apoyó su cabeza en mi hombro y yo me pasé los dedos por la boca para comprobar los desperfectos. No recuerdo muchos besos como aquel. Me había quedado tan entumecida la boca, que pensé que pasarían varias semanas antes de que pudiese silbar de nuevo “El puente sobre el río Kwai”.
José Luis Alvite en Un caracol francés (II).
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Enero 18th, 2008 — etiquetas:alvite, aspero y sentimental, citas, excomunion, iglesia, jose luis alvite
Con motivo de mi divorcio se me planteó la disyuntiva de renunciar a la ruptura o aceptar la excomunión. Según las normas de la Iglesia, ser católico era incompatible con ser divorciado, de modo que tuve que elegir entre mi confesionalidad y mi conveniencia. No dudé un solo instante. Sabía que el íntimo dolor de ser excomulgado no podía ser peor que el de renunciar a mis propios deseos. Jamás me arrepentí de mi decisión y no creo haberle hecho un solo reproche a la Iglesia Católica. Sus normas no encajaban con mis intereses, eso era todo.
Dios sin hilos, de José Luis Alvite.
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Enero 6th, 2008 — etiquetas:alvite, historias del savoy, historiasdelsavoy.blogspot.com, jose luis alvite, relato, relatos, savoy
Muy poca gente sabe que en el Savoy actuaron estrellas de renombre, durante aquella época dorada que fue el periodo de postguerra. Gene Kelly, Fred Astaire, Frank Sinatra o Bette Davis fueron algunos de los artistas que dejaron su impronta en el escenario del local de Ernie Loquasto. Eran ese tipo de gente en cuyas manos el dinero era algo tan natural como el sudor y cuyos nombres aparecían resaltados con un brillante neón, incluso en las necrológicas del periódico. Fueron buenos y duros tiempos, donde, tras cada actuación, los hombres del público se vieron obligados a demostrar su virilidad jugándose a doble o nada el Buick y la chica contra la cínica e inmovil sonrisa de Sinatra.
Otro relato más para Historias del Savoy.
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Enero 4th, 2008 — etiquetas:alvite, citas, frank sinatra, jose luis alvite, sinatra
De muchos otros cantantes se dice que sonaban limpios, pero Frank Sinatra, muchacho, ¡joder!, el bueno de Frank fue un tipo distinto de los otros, un cantante de cuya voz noctámbula, confidencial y culposa se puede decir que sonaba impune. Muchas mujeres lo admiraron precisamente por no parecerse a sus padres, a sus maridos o a sus novios, aun a sabiendas de que un tipo así no suele dejar en una chica una sola huella que no pueda ser considerada un desperfecto.
Una carrera en las medias, de José Luís Alvite.
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Diciembre 19th, 2007 — etiquetas:alvite, chester newman, ernie loquasto, historias del savoy, historiasdelsavoy.blogspot.com, jose luis alvite, relatos, savoy
Casi todos mis conocidos piensan que el Savoy es uno de esos lugares donde es mejor no perderse, un tugurio lóbrego y gris donde la esperanza de vida de sus habitantes es tan sólo de tres martinis y un bourbon sin hielo. Quizá por eso siguen siendo sólo conocidos. Estoy de acuerdo con el viejo columnista del Clarion, Chester Newman, en que al local de Ernie Loquasto le hace falta cambiar de estilista y, sobre todo, de barman. Hoy en día es dificil encontrar a esa mezcla de camarero y confidente, en cuyas manos parece que Dios haya aprendido a destilar whisky de las piedras.
El Savoy no fue siempre un sitio donde las bombillas no consiguen romper la maraña de humo y aire a medio respirar sino que, como otros locales hoy decadentes, tuvo un glorioso pasado. Eran los días del Charleston y alcohol de contrabando. Las parejas almibaraban la pista de baile con sus sucios contoneos y los ganster de guante blanco poblaban la barra con el gesto de quien cada noche buceaba entre las enaguas de las coristas. Cuentan las crónicas de un imberbe Chester Newman que el besugo subía nadando por las cañerías que daban al Hudson y que la policía hacía las redadas en uniforme de gala y formación de a cuatro. Eran buenos tiempos, muchacho, y nunca volverán. Al suele rememorar esa época con la misma mirada astigmática que cuando habla de Lorraine Webster y termina moviendo la cabeza para desterrar ecos de tiempos pasados.
En el local de Ernie hace años que sólo paran esa clase de tipos que vuelve a casa desde el trabajo, arrastrando los pies como si llevase en ellos el suficiente cemento para convertirse en coral y adornar el lecho del rio. El último tipo que vimos así, estuvo pasando todas las noches durante tres semanas seguidas y dejó el taburete petrificado. Era un tipo áspero, seco y cuya frase más larga estuvo compuesta de dos síes, un no, un balazo a quemarropa y quince incómodos silencios.
Publicada en Historias del Savoy.
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