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un viejo nuevo libro

No suelo ser muy impulsivo con las compras por internet, sobre todo desde que dealextreme ha cambiado de mensajería y ya no llegan los paquetes a Emerita Augusta tan bien como antes. Pero, hace algo más de una semana me dio por buscar en ebay un artículo que creía descatalogado, un viejo libro del que sólo veía ediciones en inglés y que siempre quise conseguir y, mira por donde, alguien de Cantabria lo había puesto a la venta. Así que tras esperar unos días a que finalizase la puja y me lo enviasen, finalmente hoy me ha llegado. Se trata de «La señora Frisby y las ratas de Nimh».

La señora Frisby y las ratas de Nimh

Si, en efecto, se trata de un libro para niños a partir de nueve años. Creo que, a estas alturas ya no merece la pena explicar que ese alias impronunciable, n1mh, viene de este pequeño libro y me consuela saber que, veinte años después ya tengo mi libro.

Curiosamente hace unas semanas hablaba de libros con folixeru y me dijo algo que, además de cierto, es lapidario: somos (él y yo, al menos) unos fetichistas del papel. Porque ambos tenemos cacharros para leer libros electrónicos, conocemos más de media docena de formatos de ficheros destinados a albergar libros pero, además, tenemos una bonita colección de libros de papel a nuestras espaldas. Y sí, hay que ser práctico y ahí el ebook vapulea por peso y comodidad a los cuatro libros que estoy leyendo simultáneamente. Y sí, también hay que pensar en todo el espacio que ocupan los libros en casa, llenando estanterías y cajones sin parar. Y sí, también hay que pensar en el dinero que cuesta un libro y lo (relativamente) fácil que es conseguir un ebook por internet. Todo eso y alguna otra cosa que se me olvida es cierto.

Pero, hasta la fecha, la mezcla de celulosa y tinta, hecha láminas finas y primorosamente cosido por un lateral me tiene ganado. Porque uno no abre calibre, el programa que ayuda a gestionar los ebook y se pone a mirar las fotos de las portadas con expresión abnegada, ni puede acariciar el lomo de los ebook recordando momentos y evocando a gente. Y, por encima de todo eso, porque los ebook, ese montón de bits intangibles, no huelen. A tinta, a papel, a polvo, a viejo o a nuevo da igual. Coger un libro especial, que además de contarte una historia te traiga a la memoria otras historias pasadas de cuando estabas enfrascado en su lectura, sentir su peso, pasar descuidadamente las páginas como pretexto para olerlo, detenerte en una página y leer un fragmento… Hasta el día en que los ebook no consigan eso, seguiré teniendo algunos libros, los más especiales, cerca. Es lo que todo fetichista hace.

Morris Lessmore

@AlbVadi me ha enviado este fantástico vídeo que habla de libros y de lo que realmente importa, leerlos, dejarnos arrastrar por ellos y sus historias.

En la web el autor comenta:

Inspired, in equal measures, by Hurricane Katrina, Buster Keaton, The Wizard of Oz, and a love for books, “Morris Lessmore” is a story of people who devote their lives to books and books who return the favor.

Inspirado a partes iguales por el huracán Katrina, Buster Keaton, El mago de Oz y su amor por los libros, “Morris Lessmore” es una historia de gente que dedica sus vidas a los libros y sobre los que les devuelven el favor.

(si hay algún fallo achacable a la traducción es todo mío).

arrullar les palabres

-Hola, buenes, venía a descambiar esto.
-¡Un libro electrónico, guau!
-Sí, yo tamién toi que muerdo. Los reyes del mi fiu, ¿oíste?
-¿Algún defecto, avería…?
-El olor.
-¿Perdón?
-Mire, mire. ¿Qué y-parez?
-No huele a nada.
-¡Ahí, chaval! Esi ye el tema.
-¿Cómo dice?
-¿Conoces el placer de oler el papel, cuco?
-Bueno…
-¿Sabes lo que ye pasar la nariz por cada página?
-Verá. Yo es que con los libros soy más de leer que de esnifar.
-¿Y la textura?
-¿Qué?
-Acariciar la tapa y que se te ponga dura…
-Oiga…
-…Arrullar les palabres con un lapicín, palpar los dibujinos…
-Ya.
-…Marcar donde vas, releer impaciente mientras que lu sujetas y das vuelta a la página y la manoseas por detrás y…
-¡Tranqui ho!
-Perdona, chato, ye que me enciendo.

La máquina de leer, de Maxi Rodríguez. (es un enlace de facebook y es posible que sólo esté activo iniciando sesión)

a lo que conducen los libros

Libros. Hay muchos en la habitación, y jalonan veinticinco años de una vida. Infantiles, aventuras, viajes, textos escolares, materias universitarias, novela, ensayo, arte, historia. Desde niño, leyéndole cuentos e historietas, orientándolo con cautela, ella fue transmitiéndole el amor por la palabra escrita. La puerta maravillosa a mundos y vidas que acaban por multiplicar la propia: aspiraciones, sueños, anhelos cuajados en largas horas de lectura y templados en la imaginación. La intensidad de una mirada joven que explora el mundo en el descubrimiento de sí misma. Estos libros llevaron al muchacho a reconocerse entre los demás, a moverse con seguridad por el territorio exterior, a descubrir y planear un futuro. A estudiar una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua, el pasado, el arte y la historia. A licenciarse en sueños maravillosos. En cultura y memoria.

Ahora ella, inquieta, se pregunta si hizo bien. Si la lucidez que estos libros dieron a su hijo no sirve más bien para atormentarlo. Lo sospecha al verlo salir de casa para entrevistas de trabajo de las que siempre vuelve hosco, derrotado.

La habitación del hijo, de Arturo Pérez-Reverte.

la presentación del libro

El pasado sábado asistí a la presentación del libro que hicimos entre los integrantes del taller de escritura y, lo cierto, es que me lo pasé muy bien aunque todavía me acuerdo de los nervios pasados.

Presentación del libro Cuentos y reencuentros en la FNAC

Presentación del libro Cuentos y reencuentros en la FNAC

Me imagino que, en cierto modo, estoy en deuda: con la familia y los amigos que estuvieron allí, dando ánimos y apoyándome en un momento tan interesante, sin hacer preguntas embarazosas; con Celia, que organizó el evento y me lió para para estar en la mesa; y con mis compañeros del taller, por haber sido tan amables.

Por cierto, hoy me he enterado que la señora que estaba situada a mi izquierda en la mesa, María Antonia, es una consumada actriz. Un pequeño ejemplo: