del tiempo (metereológico)

Mamá se suele quejar, no sé si con razón o sin ella, de que en la tierrina el tiempo siempre es malo (en el argot, que llueve), durante los fines de semana del verano. Mamá y yo tenemos ideas opuestas de lo que significa buen tiempo y mal tiempo, por lo que casi nunca la contradigo en estas lides, tan sumamente difíciles de demostrar.

Para mí, el buen tiempo es aquel que no me ahoga con rachas de aire caliente y cuarenta y tantos grados a la sombra, por muy mal que le siente a mi asma. Si, además, llueve, nieva o no se ve a dos metros por culpa de la niebla, mejor que mejor. Para mamá, el buen tiempo pasa por sol, cuanto más mejor, y arena de playa. Por eso, imagino, se ofende tanto si un sábado de julio amanece nublado o cuando un domingo tiene que ir a Llanes o a León a buscar su ración de vitamina D.

Nuestras discusiones por el tiempo casi siempre terminan en tablas, más por cabezonería que por educación. Yo me agarro al muy manido «si no lloviese, Asturias sería como Murcia; la lluvia siempre hace falta» y ella con su consabido «si, pero es fastidio».

Esta mañana, ojeando la prensa de la tierrina en Internet, me dí cuenta de que mamá no está sola y que cuenta con el refuerzo del humorista de La Nueva España. También pude ver que al tipo le jode tanto como a mi madre los caprichos meteorológicos.

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Lo más curioso es que, viendo las fotos de la demostración del potencial aéreo español (cinco helicópteros y un caza bombardero prestado, no está mal) en la playa de San Lorenzo, de Gijón, no aparece nube alguna.

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fútbol y sidra

carlos en castellón con el sporting

Cuatro mil gijoneses en Castellón el fin de semana pasado, mucha sidra, muchos nervios y el lunes, en las páginas deportivas del periódico me encuentro con el careto de mi primo. Y sí, es el de la botella de sidra…

Vía: lne.es
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falta gente, otra vez (y II)

Me imagino que no se esperaban semejante respuesta… Uno va tranquilamente a hacer una entrevista (la de todos los trimestres) y, supongo, da por buenas las palabras del entrevistado, sin contrastrar, ni preguntar, ni informarse. Total, ¿para qué? Una entrevista amable, creo que se llama.

Trescientos setenta y cinco comentarios después, el periódico publica una bajada de pantalones (por cierto, con las prisas, el título de la noticia está sin espacios). Algunas perlas:

Ésa es la opinión generalizada entre un amplio sector de profesionales que, a través de la edición digital de LA NUEVA ESPAÑA, han reaccionado airadamente a las previsiones de la agrupación empresarial de empresas de la comunicación y la información -el llamado «cluster» TIC-, donde se fijaba un déficit de 900 empleos que quedarían sin cubrir en los próximos años dentro de un sector que manifiesta un crecimiento relevante en el Principado, con una facturación de más de 200 millones de euros y la generación de 2.500 empleos.

Pablo López Cienfuegos, matemático de formación, representa un caso paradigmático de esta situación. Después de pasar dos años trabajando en Madrid, ha regresado a Asturias por motivos personales. Vuelve como empleado en una las firmas más relevantes del sector TIC del Principado, «pero lo hago perdiendo casi un tercio del sueldo que estaba cobrando allí», explica este joven, quien pone en cuestión la calidad del empleo que demandan las empresas tecnológicas asturianas. «El problema está en definir a qué llamamos informático. Lo que piden es gente con poca formación, digamos; a nivel de peón. Y en Asturias hay mucho ingeniero que tiene que marcharse fuera». Este matemático repara en que en la página web del «cluster» TIC el apartado de ofertas de empleo aparece vacío.

«¿Por qué falta gente? Porque pagan una miseria. En Asturias puedes ganar un 50 por ciento menos que en Madrid, y la responsabilidad que puedes adquirir en la empresa es menor. Es verdad que en toda Europa faltan profesionales en el sector, pero en Asturias están yéndose todos. Que no nos engañen. Pero, claro, como todos seguimos empadronados en Asturias…». Así de contundente se manifiesta Miriam Ruiz, ovetense e ingeniera industrial superior que trabaja en la oficina que la multinacional tecnológica Digi tiene en La Rioja.

Gracías, Jeanette.

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falta gente, otra vez

«La falta de recursos humanos es el problema estratégico al que se enfrenta ahora el sector, pese a que los puestos que se ofrecen tienen un gran atractivo por sus salarios y las posibilidades de conciliación», indica Lombardía. A esta situación hay que sumar que hay muchas empresas fuera del sector de las nuevas tecnologías que también necesitan emplear a informáticos.

Vía: La falta de informáticos amenaza con dejar vacantes 900 empleos del sector tecnológico, en La Nueva España.

Las negritas son mías y el cabreo, también. Los mejores comentarios, los de la gente a la que, como a mí, les ofende esta sarta de mentiras que intentan colar cada tres meses.

La casualidad, que es muy graciosa, hizo que conociese a la señora (o señorita) Lombardía durante mis años universitarios. Fue mi profesora de álgebra (sí, álgebra, otra vez) de la academia a la que iba con la sana intención de pasar de curso y, años más tarde, vino al SAT a presentar su empresa y los proyectos que estaban realizando para la Papelera de Navia, entre otras actuaciones. Luego oí que se había metido en eso llamado “El cluster TIC de Asturias” y que, cada tres o cuatro meses, salía en los medios de comunicación pidiendo informáticos a cuatro duros.

Porque, al final, lo que intentan obtener las compañías que integran el cluster es, precisamente, eso: un flujo constante de informáticos a muy bajo precio. No necesitan gente especializada, con años de experiencia sino mano de obra barata y, preferiblemente, por formar. Se da la casualidad que en Langreo, Cap Gemeni lleva años abasteciendo una fábrica de software con la mayoría de los diplomados y licenciados de la universidad y, claro, como no comparten los recursos, algunos ponen el grito en el cielo (o en los periódicos) pidiendo lo suyo.

Son empleos precarios, en donde entras recién salido de la universidad, a picar código por cuatro perras y, como mucho, subes uno o dos escalones antes de que te den la patada al cabo de un par de años. Tu puesto de picaor lo rellenan con otro nuevo fichaje, más barato si cabe, y todo vuelve a empezar. Los empleos importantes, los jefes de proyecto, etcétera, los importan de Madrid o Barcelona y en la región sólo cogen empleo con poca especialización (sin olvidar con las subvenciones, claro).

Hace años, en 2000, las mismas empresas se quejaban de que el mercado laboral estaba saturado de informáticos y hoy, ocho años después, hacen sonar las trompetas con ritmos apocalípticos por lo contrario. Si bien es cierto que las matrículas en las carreras relacionadas con el tratamiento racional de la información han decaído mucho en los últimos tiempos, se me hace dificil imaginar que, con las condiciones adecuadas, mucha de la gente que estamos fuera, no volveríamos encantados a la tierrina a trabajar.

Es cierto que el empleo en Asturias está mal, está jodido desde que tengo uso de razón pero, no es menos cierto, que el gran atractivo de las condiciones que publicitan no es tal y que, conociendo la cantidad de horas y responsabilidades que se le van a exigir, al precio que pretenden pagar, no hay nadie en su sano juicio que pase por el aro.

Si uno se para a leer los comentarios del artículo del periódico, se dará cuenta de que, la mayoría de los mismos, proviene de gente del sector, que trabaja en esto y conoce el mundillo. Y la otra parte importante proviene de los emigrados, la gente que nos fuimos fuera «a trabajar» y que, cuando nos preguntan si nos gustaría volver, respondemos que sí, pero que a hacer qué.

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