cosas que nuestros hijos no conocerán

En PuntoGeek han recopilado una lista de cosas que, probablemente, nuestros hijos (o sobrinos) no conocerán porque, sencillamente, la tecnología cambia y evoluciona demasiado rápido. La lista es bastante extensa, 27 cosas, y bastante geek (sólo hay que mirar el último punto) pero no deja de tener su gracia. Si tuviese que elegir, que para eso se hacen estas listas, me quedo con estas cinco:

  • High-Speed Dubbing. ¡Grabación el doble de rápido en el casette! ¡La panacéa!
  • El zumbido de una impresora de matriz de puntos. El de aquella Olivetti 92 Din-A3 no lo olvidaré mientras viva.
  • DOS. Sin comentarios.
  • Buscar información en una enciclopedia. Aquellos libros grandes, pesados y que decoraban las estanterías de las casas en los ochenta… ¿quién no se acuerda de ellas?
  • Acordarse del número de teléfono de los amigos. En serio, desde la llegada de los móviles, mi memoria de teléfonos se restringe a cinco números. Lamentable.
  • Bonus track: Ponerle un rollo a la cámara (¡y que no se vele!). Quería agradecerle al dependiente de aquella tienda fotográfica de Granada, que colocó el segundo rollo en mi cámara de fotos, el haberme jodido más de la mitad del viaje de estudios. Con cariño y tal.

En su día, yo también hice una lista de este tipo de cosas que se echan en falta y que complementa un poco la lista, sobre todo en el apartado máquinas de escribir.

La lista completa en Cosas que nuestros hijos no conocerán.

cinco años

Quien no tiene memoria, se hace una de papel.

Gabriel García Márquez

Soy un tanto despistado, las cosas como son. De jovenzuelo (lo sigo siendo, sólo que el envoltorio cada día está más ajado) llevaba una agenda con todas las tareas del día, las fiestas y los cumpleaños. Ya en aquello comienzos, confiaba en el papel y el bolígrafo para ordenar mi mundo. En el año 2000 me concedí mi primer capricho electrónico y portátil, una Palm Pilot m100 para no perder ni un sólo detalle, ni olvidar un sólo dato. Tras año y medio de uso intensivo comprendí que, cualquier móvil con agenda, cámara de fotos y una buena base de datos de cumpleaños sería más útil y ocuparía menos espacio en los bolsillos. y empecé a utilizar los móviles como memoria secundaria. Las copias de seguridad de toda esa información, lentamente recopilada con esfuerzo y tiempo, pasó a ser más vital que el dispositivo que la albergaba y convertí mi particular Backup Festival en una tarea mensual. Hace dos años cree un calendario en internet llamado Cumples, donde están las fechas de nacimiento de todos los que me importan. Parecía una labor sencilla y rápida, ideal para la frase “esto lo solvento yo en dos patás” pero, como casi siempre, la terca realidad me mantuvo ocupado durante más tardes de las que estoy dispuesto a confesar. Parece ser que el número de personas por las que albergo algún tipo de sentimiento es mayor de lo que inicialmente pensaba.

Hoy, ese calendario ha tenido una nueva entrada pero con una particularidad: es la primera vez que no añado una fecha de cumpleaños relativo a una persona o personas. Esta mañana he añadido el día 11 de mayo de 2004 como la del nacimiento de este blog. Cinco años han pasado desde aquella primera entrada muda, porque no lo había comentado con nadie y vergonzosa, porque aún no había dejado atrás el complejo de inferioridad, ni el miedo, ni la vergüenza, ni la sensación de estar haciendo el idiota. Cinco años en los que he pasado del polo norte, de contar mi día a día, al polo sur, a escribir acerca de lo que me pasa por la cabeza y que rara vez digo en voz alta. Confieso, eso sí, que en ocasiones he utilizado este espacio como un cajón desastre, como un contenedor de todas mis tonterías y advierto que, probablemente, volverá a suceder. No por nada, sencillamente porque es lo que me apetece compartir.

Así pues, ¡feliz cumpleaños, mono loco!