rendición y baile

Advertencia: si no has visto Treme y tienes pensado hacerlo, esta cita puede desvelar algún giro de la trama. Luego no quiero lloros.
Advertencia, segunda parte: si no has visto Treme… ¿a qué coño estás esperando?

–Hoy fui al abogado, se leyó el testamento. Sin sorpresas. Quería una segunda Línea.

–¿Sí?

–Ahí mismo, en el testamento. Incluso nombró a los músicos que quería. La banda de metal Eureka. Dejó una puta lista de canciones para el funeral. Va a ser cremación, y un servicio en su memoria aquí, sólo para la familia.

–La banda le podría sentar bien a Sofía.

–¡Él se rindió! ¡Él se rindió, maldita sea! Toda la puta ciudad está hasta el culo. Todos nosotros seguimos aquí, un día tras otro. No puedes bailar por ellos cuando se rinden.

Treme S01E10 – I’ll Fly Away.

la sombra del ciprés es eterna

Hubo un tiempo en que me afanaba por tener en mi haber más libros leídos del mismo autor que una amiga. A ambos nos gustaba aquel escritor y tratábamos de encontrar los libros menos conocidos para devorarlos y apuntarnos el tanto. Ganó ella, que siempre llevó ventaja con las obras más contemporáneas, quizá porque yo siempre tiraba más hacia sus clásicos. Hoy me he levantado con la noticia de que ese escritor, Miguel Delibes, ha muerto.

En mi recuerdo, Delibes ha dejado alguna de las páginas que, aún hoy, consiguen evocar con nitidez una época, más gris, más fría, que nunca volverá. Tengo el recuerdo nítido de las horas pasadas con Mario, velándolo, escuchando los reproches de su mujer, en la osucuridad casi total de aquella habitación; recuerdo el frío, patente incluso en Gijón en mayo, que había a la sombra de aquellos cipreses de Ávila y la estampa de la muralla nevada; puedo ver, casi sin esfuerzo, la silueta del señor Cayo, recortándose sobre sus campos y sus árboles, sabio a pesar de su desconocimiento total de la política; todavía siento asco al evocar al señorito de Los santos inocentes, altanero y chulo como pocos; y recuerdo a Ana, la mujer de rojo, antes de su enfermedad en el que viene siendo el mejor y más sentido homenaje que he leído.

Atrás quedan las carreras por encontrar alguno de sus libros más raros o el extraño regusto al leer El camino por primera vez. Sólo me queda, cómo último homenaje, leer su último libro, El hereje.

sin palabras

Imaginemos la habitación de un hospital, uno cualquiera, uno de esos encargados con el fin de la tristeza, enmarcados en gris.
Un hombre joven que se sabe muerto alterna las horas en las que no dormita entre el ejercicio de la mirada a través de la ventana y el dolor.
A escasos metros de allí , en el edificio donde se suelen repartir las alegrías, hace unas horas que nació un bebé, uno precioso, un bebé hermoso de cuatro kilos, la piel rosada y la cabeza llena de pelo, uno de esos pocos a salvo de los comentarios de marujas malcaradas.

El sentido vero, en foto36.