evocando canciones

Dicen que el gusto es el sentido más evocador y, creo que es cierto. Estuve varios meses con un extraño recuerdo en el paladar, un sabor dulce y afrutado que, mucho tiempo después, mi madre me confirmó que era el de la papilla de naranja, plátano y galletas maría que me hacía de pequeño.

Si se trata de evocar, mi oído tiene bastante más terreno ganado que otros sentidos. Esta noche, mientras volvía de Badajoz en coche, en la radio tenían un concurso en el que había que adivinar un año y ponían, de ejemplo, una canción que se lanzó durante aquellas fechas. Pusieron Si tú no estás, de Rosana Arbelo y supe, en ese instante, que hablaban de 1996, que el disco era Lunas rotas y que, por aquella época, yo jugaba al Duke Nukem.

Mientras jugaba a reconquistar el mundo a un puñado de marcianos verdes, ponía el casete de Rosana de fondo. Y eso marca. Para toda la vida. Cada vez que escucho alguna canción, la que sea, de ese disco, me desconecto del mundanal ruido, dejo los ojos en blanco y me pongo a recordar pantallas completas del juego, mientras tarareo y arraso con los hombrecitos verdes.

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de la mano

Incluso cuando el trabajo y la intemperie las ha fortalecido, mis manos no se parecen en nada a las de mi padre, igual que mi figura que se ha vuelto desgarbada y flaca en los últimos tiempos no tiene nada que ver con la suya, recia, ancha, sólidamente aposentada sobre la tierra. De pronto soy más alto que él, y mis manos y las suyas hace ya mucho que dejaron de encontrarse. Debería uno conservar el recuerdo de la última vez que caminó de la mano de su padre.

* El viento de la luna. Página 113. Antonio Muñoz Molina.

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recuerdos musicales

bandido me invita reta a asociar música y momentos en una especie de meme, de encuesta. Y como es la primera vez que no me autoinvito, sino que me golpean en la cara con el guante de las encuestas, me lanzo a la piscina.

  • Angelitos negros de Machín (creo). Cuando estaba aprendiendo a utilizar el tocadiscos de güelita (y jodiendo un disco, de paso).
  • Victor Manuel, Serrat, Ana Belén, etc… Lo que mamé, la banda sonora de mis primeros años.
  • Informer, de Snow. El día que cambié a Mozart y Schubert por la discoteca.
  • Ruido y Que se llama Soledad, de Sabina. Cinco horas de cola para cinco entradas, un concierto anulado y otras cuatro horas de cola. Sigue siendo uno de las cúspides musicales de mi vida.
  • Chambao, Feel de Robbie Williams y Fito. El año que viví peligrosamente solo.
  • Como el agua, por Chambao. Granada, La Alhambra, la escalera del agua en el Generalife, Sierra Nevada.
  • Soldadito marinero (Fito), Ska-p, Bebe, La madre de José (El canto del loco), Goyo Ramos, Berrones, Camarón, Beth, etc… El verano de nuestras vidas, el mes de agosto de 2003 en Badajoz.
  • Feo, de Fito y Fitipaldis. Por culpa de eme.
  • Suaves, Amaral, algo de Chill Out, perreo para programar. Mérida.

Por supuesto, hay muchas más, canciones que en cuanto las escucho me saben a algo, me transportan a lugares lejanos donde me veo a mí mismo desde la tercera persona, como un fantasma, pero no las voy a poner aquí, esas que quedan conmigo.

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