cuatro ciudades, tres provincias y dos paises

Este puente de la Constitución, el hermanín y la cuñada aparecieron por Mérida para pasar unos días y estuvimos haciendo eso que se nos da tan bien, comer, caminar y charlar sin prisas. De su visita salieron paseos por cuatro ciudades, tres provincias y dos paises, un par de comidas sólo aptas para iniciados y un puñado de buenos ratos.

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La mejor parte de que venga a visitarte a casa es, sin duda, hacer de anfitrión. Con la excusa de que eres el que paga las letras de la hipoteca, puedes pasar esos días de asueto compartiendo vivencias, poniéndote al día o haciendo un poco bastante el cafre sin ninguna cortapisa que, digan lo que digan, sigue siendo la especialidad de la casa. Además, con el hermanín, las espirales de burradas crecen con el tiempo de forma exponencial.

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También se da la circunstacia de que, como ya no sé vivir sin mi cámara de fotos, aprovecho estas ocasiones para prescindir de vergüenzas y disimulos, e dar el coñazo hice un ámplio reportaje del que, convenientemente filtrado, pude extraer diez fotos excelentes buenas aceptables, que pongo por aquí. Como siempre, las fotos están subidas en mi cuenta de flickr y tienen la etiqueta 20071206.

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En unos quince días, seremos nosotros los que vayamos de peregrinación al norte, cogiendo la Vía de la Plata hasta que se nos mojen los calcaños en el Cantábrico. Que ya toca, ya…

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lpi: second stage install…

Mañana, ya es hoy en realidad, me espera un día movido, con la prueba para aprobar el 102 de LPI, la certificación de linux que asegura que poseo los conocimientos suficientes para ser Administrador de Sistemas Linux Junior. El último examen de la temporada (la temporada del bonito, la temporada de los huracanes en el atlántico, la temporada de los exámenes…) será en Sevilla, a las doce de la mañana.

A ver que pasa…

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offline

Lo que empezó siendo una posibilidad, un sueño cuasi imposible, sucedió estos días. Me fuí a Sevilla con la vana esperanza de desconectar del trabajo y olvidarme de todo lo que fuese posible en poco más de setenta y dos horas y, raro en mí, no he tocado un teclado (salvo el del móvil) en estos días. A cambio he sucumbido a las cervecitas, al pescaíto, a las puntillitas, al calor y a casi cuatro horas en la piscina del ático del hotel, con vistas a la Giralda.

la giralda desde la piscina

Cuando llevas una temporada dura en el trabajo, todo afecta, todo pasa factura y, con sorpresa, un día te das cuenta de que estás discutiendo por cualquier chorrada que ni te va ni te viene, sólo necesitas oír tu voz y, quizá por eso, la levantas más de la cuenta. Demasiado tiempo sin parar, sin desconectar, porque no sabes que lo necesitas, pasa una factura muy alta y, por eso y por mucho más, hay que irse, lejos, sin portátiles ni tecnología, a la vieja usanza: playeros y bermudas.

En cierto modo fue como antaño, como mi primer trabajo, dando tumbos por la piel de toro y conociendo ciudades de seis de la tarde a once de la noche, si había suerte. En aquella época salía de la gasolinera de turno, pasaba por el hotel, me vestía de oriundo y me iba a dar vueltas por el lugar donde estuviese. Sevilla, Valencia, Barcelona, Madrid, Soria… siempre con el atardecer, la mayor parte de las veces solo y más feliz que unas castañuelas.

Con tanto trajín he aprendido a camuflarme y, a pesar de pasearme por los alrededores de la catedral, de estand en estand de la feria del libro, ni una sola gitana me ofreció romero. ¡No he perdido el toque!

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¡a rascarla!

Mañana, aprovechando que eme está en Sevilla haciendo el cursillo de La Caixa, me tomo unas bien merecidas vacaciones y me voy a pasar el resto de la semana con ella.

Dos días laborables no son mucho, pero me vendrán bien para separarme de tanto ordenador, tanta impresora rebelde y obstinada y tantas prisas. Incluso me he propuesto dejar el portatil en Mérida, en un intento de pasar de todo y aparcar el trabajo. Así que me calzaré unas bermudas, unas chanclas y una camiseta holgada y me iré a hacer el hooligan por las calles del barrio de Santa Cruz, a brindar con fino y a sudarlo después, a oler el azahar y a intentar no salir de la piscina del hotel. Seis meses por aquí ya me están pasando factura, ¡pardiéz! Empiezo a necesitar verde, frio y sábanas en agosto.

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