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photowalk por Ikea Sevilla

Un día Ikea Sevilla te envía un mensaje porque han visto el grupo de fotografía y les ha gustado mucho y para, según sus propias palabras, organizar algo juntos y a ti se te hace la boca agua. ¿Quién no quiere plantarse en una de sus tiendas y liarse a hacer fotos como un poseso? Yo, lo tengo muy claro, quería.

Tras un mes y medio de emails y reuniones llegó el día y pudimos pasar una hora y cuarto haciendo fotos por uno de los espacios privados más visitados de Sevilla (yo, por lo menos, voy una vez al mes :-D). El resumen de esa jornada lo ha escrito A muy bien en la web de phwk.

Por mi parte, hice 170 fotografías de las que quedaron 110 tras la criba inicial y mi selección final fue de 75, el máximo permitido. Nada más terminar me di cuenta de que había quedado muy contento con las fotos que había sacado, en general. La impresión de una salida fotográfica es como la de los exámenes, siempre estás aceptablemente contento excepto cuando ha sido un desastre manifiesto y luego, cuando ves el resultado de verdad, las fotos en el ordenador o el examen corregido, te das cuenta de que ha sido terrible. En esta ocasión, ver y procesar las fotos en el ordenador sirvió para convencerme de que había sido un gran día. Aquí pongo cuatro de las cinco mejores fotos porque la quinta es la que, espero, se verá en la exposición de Ikea.

Photowalk por Ikea
Photowalk por Ikea
Photowalk por Ikea
Photowalk por Ikea

briconsejo: tuneando una mesa de ikea para ocultar cables

Lo leí hace unos años y, para ser sincero, llevaba dándole vueltas desde entonces. Van Mardian contaba en una web, decluttered.com (aunque hay otros) cómo ocultar todos los cables y cacharros electrónicos bajo una mesa de ikea. Obsesionado como estoy con los cables, ver una mesa idéntica a la mía tan despejada hizo mella en mi subconsciente y, desde entonces, buscaba la manera de hacer algo similar. El martes, tras recorrer Mérida buscando los últimos componentes, supe que había llegado la hora.

La idea es muy sencilla. A un tablero, en mi caso de 70×50 centímetros, se fijan mediante bridas de plástico todos los dispositivos electrónicos, cables y cualquier cosa que estorbe encima de la mesa. Luego, ese tablero se sujeta a la parte inferior de la mesa mediante unas grapas como las de los cerrojos de las puertas y se extienden los dos o tres cables imprescindibles como el corriente. Así queda todo despejado y limpio.

No voy a poner una foto del antes, por vergüenza torera, pero el después es realmente gratificante (y si no hubiese tenido impresora me ahorraba hasta las sombras en la pared).

Lo que más cuesta es organizar bien el tablero para que entre todo. Al mío, al final, casi le hacían falta unos centímetros más de lado, para poder seguir anclando aparatos. En mi caso, situé dos bases de enchufes, de tres y seis huecos, en el centro del tablero. El más pequeño, que no tiene interruptor, es el principal, el que se va a conectar a la pared y el que no se va a apagar. Todo lo que está conectado ahí es importante: el router, el portátil de las descargas y la otra base de enchufes.

La base de seis enchufes es la secundaria. Cuenta con un interruptor para poder apagar todos los dispositivos y lleva conectada las fuentes de alimentación de los dos discos duros externos (en una palabra: backup) y la de la impresora. Ahí irán los cargadores de macbook y el del móvil, si hace falta. Con todo eso, todavía quedan un par de enchufes libres para otras cosas.

Como fui incapaz de encontrar la tabla de madera que utilizó Van Mardian, tuve que practicar yo los agujeros. Y, por supuesto, el resultado final no es, ni remótamente parecido al del bueno de Van. Soy pintor de brocha gorda. Con un taladro inalámbrico y un kit de reparación comprado en los chinos (sigo sin saber qué reparaba con una broca del 6), la madera opuso poca resistencia. Después, se fijan fuertemente los cacharros con bridas y el resultado, sin darle la vuelta, es magnífico.

Al colocarlo en su sitio y ver la mesa despejada, uno se da cuenta de que ha valido la pena.

nuevo catálogo de ikea

La semana pasada, eme estuvo de vacaciones los cinco días laborales y yo, los tres últimos. ¿Vacaciones? Quería decir obras, porque nos pasamos los días pegados a una bayeta y hasta nos hemos comprado un aspirador.

Todo, cualquier cosa, es poco por la nueva tarima flotante, o suelo de madera laminado o como carajo se llamen esas chapas de madera, color roble luminoso, que se colocan haciendo clic sobre el terrazo. Al final, como suele pasar con estas cosas (afortunadamente), el resultado ha merecido la pena y el piso parece otro.

En plan de broma, le dije a eme que con el suelo de madera y los muebles del fabricante sueco, nos iban a sacar en la portada del próximo catálogo de Ikea.

suelo, tarima, piso, obras, ikea

al mundo le quedan dos días

Fue no hace mucho, unos cuantos días nada más. Desde entonces sé que al mundo le queda poco más de un mes y que la crisis ha empezado a golpear a todo el mundo. El azar quiso que fuésemos compañeros de manada, de uno de esos grupos que se forman a la entrada de la tienda y con los que compartes todo el recorrido, te guste o no. Un pijo clásico, de manual, recorría el pasillo a un par de metros de mí.

Aquel hombre recorría el circuíto de carreras que es la exposición de Ikea con el ánimo de un condenado, con sus bermudas, sus naúticos, su jersey primorosamente anudado al cuello y la gomina, toneladas de gomina que hacían de su cabello un casco. Su mirada perdida y ausente, recorriendo cada uno de los estantes y su expresión de cordero camino del matadero, conseguían transmitir toda su preocupación en un instante. Estaba completamente desubicado.

Cada curva del recorrido, cada mueble de diferente color y cada etiqueta tamaño XXL pertenecían a otro mundo, a un lugar lejano y gris donde no habitan las texturas marrones y suaves de Burberry’s y donde el caballo de Ralph Laurent había perdido la batalla con un corazón rojo que tiene brazos. El mundo al revés.

Un sitio barato, eso sí, que por algo estamos en crisis pero feo, muy feo, donde el lujo muere al pie de la escalera de entrada y todo está poblado de objetos con nombres imposibles, impronunciables y abyectos que le quitan todo el glamour. ¿Cómo puede uno presumir de tener un Lillagen o un Asperlund? ¡Ni tan siquiera suenan bien!

Un instante antes de perder de vista al pijo, me pareció oírle gritar ¡¡Louis Vuitton, ¿por qué me has abandonado?!!

los clásicos populares

Desde que hace unos días descubrió el Gnometris, en algún lugar del menú de juego de Gnome, eme no ha parado de tratar de colocar las fichas correctamente para hacer líneas y conseguir puntos. En contra de lo que se puede pensar, estos juegos permiten el uso de tácticas y estrategias y ayudan con la destreza de los dedos y el coco. Al principio, eme confundía los movimientos con el teclado y tenía poca visión espacial, sobre todo al aumentar la velocidad de las fichas pero, unas decenas de horas después, su coordinación mejoró y las piezas, prácticamente, se encajan solas unas encima de otras cual estantería de ikea.

gnometris

Los juegos en primera persona (FPS — Firts Person Shooter) están bien, son divertidos, agotan y puedes soltar un montón de adrenalina tratando de matar más que nadie pero, hay ciertos clásicos que no mueren. Se trata de juegos de mecánica simple, altamente adictivos que, cuando alguien los saca del baúl de los desterrados, dan horas de diversión sin freno. En mi caso, el Tetris, el Pang, el Pinball, el Mahjongg (con este no hay escapatoria) y media docena más, pueden arruinarme, tranquilamente, medio verano.

Extraido de la wikipedia:

Al ser una versión del tetris, su práctica (siempre y cuando se con moderación) puede agilizar los procesos mentales y fortalecer ciertas áreas del cerebro encargadas de la destreza; contribuye al desarrollo del pensamiento rápido induciendo prácticas que corresponden a la toma de decisiones. Mucha gente suele ver al tetris como un simple juego sin prestar mucha atención a lo que su sistema de estrategia y táctica permite, subconscientemente, desarrollar y mejorar en el cerebro y la coordinación de ideas.

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